TEORIA DE LOS DOS DEMONIOS: ¿TEORÍA O PASTO PARA LOS INCAUTOS?

Por Mauricio Ortín

TEORIA DE LOS DOS DEMONIOS: ¿TEORÍA O PASTO PARA LOS INCAUTOS?

La teoría de los dos demonios o, más propiamente, la apelación que se hace a dicha teoría es un engendro, creado por los ex integrantes de las bandas subversivas que actuaron en los ’70, que tiene el específico objeto de ocultar los miles de crímenes que los citados individuos cometieron contra la sociedad argentina.

Lo siniestramente cínico del caso es que, los que los padres de “la teoría…”, no sólo no asumen su paternidad sino que, además, dan por sobreentendido que los progenitores son otros; justamente, aquellos que se oponen al relato de la izquierda.

Burda pero efectiva, funge como una manera de “correr con la vaina” a todo aquel que se atreve a cuestionar el halo, idealista y heroico, que forjaron de sí mismos los terroristas que desataron el baño de sangre argentino.

Así, por ejemplo, cuando se le cuestiona a un sujeto como el montonero Roberto Perdía, por su responsabilidad en el salvaje asesinato de José Ignacio Rucci; éste, como si se le estuviera preguntando algo disparatado, apelará diciendo: pero…,  eso es la teoría de los dos demonios. Mas Rucci no murió de un infarto o de atropellado por un enunciado teórico; murió bajo las concretas y materiales balas asesinas que le dispararon Perdía y su banda.

Eso, justamente, es lo que se llama en las ciencias sociales (entre ellas, las jurídicas) “el hecho”. El cual debe distinguirse absolutamente de la teoría o las interpretaciones del mismo. El ex juez de la Corte Suprema de Justicia Carlos Fayt, como si se tratara de un axioma del Derecho, afirmó que “los hechos son sagrados, pero el comentario es libre”. Analizada desde la epistemología, La Apelación a la Teoría de los Dos demonios es un mamarracho que bien puede ser incluida como un caso más de la “falacia ad hominem”. Según la cual se trata de falsar una afirmación sin argumentar contra la misma recurriendo a atacar a quién la expresa.

El razonamiento falaz es como sigue:

  1. a) Todo aquel que dice que los subversivos cometían crímenes adscriben a la Teoría de los Dos demonios;
  2. b) la Teoría de los Dos Demonios es falsa;
  3. c) Luego, es falso que los subversivos cometieron crímenes.

En el Juicio a la Juntas (causa 13), durante la presidencia del Dr. Alfonsín, los jueces fallaron entre otras cosas: a) que hubo una guerra; b) que la misma fue provocada por los subversivos que atacaron a la paz social y al estado de derecho; c) que las bandas subversivas cometieron crímenes en casi todo el territorio nacional; d) que intentaron segregar una parte de dicho territorio; e) que las bandas subversivas estaban organizadas como ejércitos y tenían por objetivo asaltar el poder; d) que el estado nacional combatió a dichas bandas por fuera de la ley.

El libro “Nunca Más”, en el prólogo escrito por Ernesto Sábato, es el que acuña el término “Dos Demonios” al referirse a la guerra contra la subversión. En parte alguna del texto habla de una “teoría de los dos demonios”. No existe tal teoría ni persona alguna que reclame su autoría.

La indigencia epistemológica y jurídica que supone la Apelación a la “Teoría de los Dos Demonios”, sin embargo, no ha sido óbice para que fiscales y abogados querellantes desvergonzados la eleven a principio del derecho universal. Todas las querellas de las causas de lesa humanidad están atravesadas por “refutaciones” a las defensas sosteniendo que se está tratando de “instalar” nuevamente a “La Teoría”. Incluso se acusa al presidente Macri de semejante intento.

Más, nadie hace más por ella que los que la rechazan. Es que, sin ella, quedarían expuestos, primero, como los criminales que fueron en los ’70 y, segundo, los cínicos farsantes que son ahora. Luego, el infame “curro” de los derechos humanos se caería como un castillo de naipes.

La apelación a la “Teoría de los Dos Demonios” encarna una maniobra artera y obscena de tergiversar o esconder los hechos con el doble y claro objeto de victimizar a los terroristas asesinos que no se arrepienten de sus crímenes por un lado y, por el otro, de mostrar como victimarios a los militares y policías que evitaron que los primeros instauraran una dictadura totalitaria.

Hay que reconocer que la estratagema fue exitosa dado que, si algo cunde en la Argentina eso es la mentira y la injusticia.

28/09/2018

Publicado por el Centro de Estudios Salta

 

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