MAPUCHES

DE PLUMA PROPIA

Por Gastón Pérez Izquierdo*

Bajo este nombre se reconocen las etnias araucanas que vinieron a la Argentina y, provenientes de Chile, se instalaron en la pampa. Ésta los subyugó ¡caballos y vacas, mostrencos a disposición del que quisiera apoderarse de ellos! En consecuencia se quedaron en nuestro país más de 40 años, hasta que el general Roca los echó.

Atropellaron a los que originariamente ocupaban el sur de la Argentina – los tehuelches meridionales –  que eran una comunidad mansa, y los exterminaron mediante un ardid. Fingieron ser una población no guerrera, mandaron adelante a los viejos, “la chusma” y los niños; cuando los tehuelches fueron a recibirlos con alborozo, reservaron “los indios de pelea” detrás de un médano y les cayeron sobre ellos. De ese modo liquidaron un pueblo que era pacífico y originario, matando a la totalidad de sus varones, conservando a las mujeres que rápidamente preñaron. Calvucurá, que fue su cacique principal, vivió en la pampa argentina como un verdadero emperador; el día que murió, fue enterrado en un médano “mirando” a la cordillera, es decir, hacia  Chile.

Se instalaron en “el Carhué”; aprovecharon sus aguas con sal, para desentumecer “las tabas” de los vacunos que robaban en sus correrías, y así emprender el largo arreo hacia Chile. Cuenta Shoo Lastra, que un diputado chileno, denunció en su país que la carne subía o bajaba de precio, según la suerte de los “indios de Calvucura” en sus malones frecuentes.

Ahora han aparecido reclamando tierras y reconocimiento, como si se tratara de un pueblo cuyos orígenes son anteriores a la patria misma y que tienen cobertura constitucional. No es así; los vorogas – que vinieron a nuestro país mucho antes – son también una etnia que nació en el Arauco chileno. Pero cuando llegó al país, juró la bandera del General Belgrano, se bautizó y tomó los nombres de nuestros próceres: se llamaron Balcarce, Rondeau, Juan Manuel, Brown, etc. No tenían por qué dar su  sangre por el país, pero lo hicieron. Pelearon al lado del Ejército Republicano en la guerra con el Brasil y acompañando a Roca cuando éste decidió que los “mapuches” debían ser devueltos a  Chile.

Detrás del reclamo, da la impresión de que existiera un gran negocio inmobiliario, como en el siglo XIX lo fuera la carne de vaca.

Por supuesto, es de desear que aparezca con vida el señor Maldonado. Pero que aparezcan también López, la nenita que desapareció sorpresivamente en la Patagonia, la chica de Tucumán por la cual su madre inició una Cruzada fantástica, la de Entre Ríos y todos aquellos que sin motivo alguno que lo pueda justificar (nada puede justificarlo) han desaparecido de sus hogares.

*El Dr. Gastón Pérez Izquierdo es socio de Justicia y Concordia

 

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