CÓMO LLEGÓ EL INSENSATO

CÓMO LLEGÓ EL INSENSATO

Por Carlos Bosch*

 

Publicamos hace poco algunas partes del prólogo que Gustave Thibón escribió para el libro de Rafael Gambra titulado “El silencio de Dios”. Subrayamos allí esta frase de Thibón: “Nunca como hoy el genio de una época se ha aplicado a la destrucción minuciosa de su propia “ciudad humana”- de sus valores y de su sentido”.

En ese libro Gambra se pregunta: ¿Por qué se ha instalado entre nosotros el insensato con tanto vigor que hoy lo oímos hablar por todas las bocas; con tanta eficacia que ninguna estructura resiste ya ante sus cálculos meramente económicos, ante sus razonamientos destructivos”.

Esa es la pregunta: ¿Cómo fue?

Frente a 40 jóvenes vinculados a nuestra asociación, Mons. Aguer, Arzobispo Metropolitano de la Arquidiócesis de La Plata, enfocó la crisis de hoy como resultante de la “deshelenización” de la cultura. En el curso de una clase realmente magistral, explicó que la Iglesia Católica creó la civilización occidental conformada tanto por la fe proveniente de los judíos como por la razón aportada por la cultura greco-romana: eso fue la helenización. Actuar según la razón es conforme a la naturaleza de Dios.

Pero modernamente esa cultura cristiana ha venido sufriendo los duros embates destructivos de lo que el Arzobispo denominó “la deshelenización”, es decir la separación absoluta entre la fe y la razón, reduciendo la primera a lo meramente subjetivo y reservando la segunda sólo para las ciencias empíricas.

Separar la fe de la razón, dijo, es olvidar que Dios es razón, no arbitrariedad; que la creación es tal por razón divina, que es cosmos, o sea orden. Y que el hombre ha sido creado a semejanza de Dios. Sometido a este proceso destructivo, el hombre moderno llega así a negar la naturaleza y da así la espalda a la creación y a su Creador.

Rafael Gambra, en las primeras páginas del libro mencionado, dice lo siguiente:

“… Las consecuencias prácticas de uno y otro hecho[1]son incalculables para la llamada civilización occidental y para el catolicismo. El declive rápido del sentimiento nacional que – degenerado o no – era cuanto quedaba del antiguo arraigo patrio de los hombres, la difusión de esto que se ha llamado “nueva religión de la Humanidad”, son hechos de alcance imprevisible, diríamos cósmico-humano. Ello porque en este momento de la historia vienen a coincidir en una extraña identificación dos lejanas ondas históricas – el racionalismo[2] y el catolicismo – de cuya tensión había vivido toda la cultura occidental desde el Renacimiento hasta nuestros días…

Quizá el primer efecto visible para nuestro horizonte temporal sea la transformación operada en los espíritus por esos dos acontecimientos, o por las fuerzas latentes que los prepararon y que ahora se reúnen. Podríamos describir este efecto psicológico como una pérdida general de lo “que nos es propio”, de aquello que nos pertenece y a la vez nos cobija y nos alberga en el plano superior dela vida individual… un estado de delicuescencia intelectual y emocional en el que desaparece el sentido de los límites y de la continuidad, de lo que es estable e intangible por constituir el cuadro ‘o más bien el suelo mismo’ de nuestra existencia humana. Consecuencia de tal actitud mental es la espontánea entrega de cuanto el hombreposee como patrimonio común de su cultura a eso que hoy se llama ‘el viento de la historia’…”.

¿Hay diferencias importantes entre estas dos ideas? No parece. La pérdida del arraigo del hombre respecto de su “morada”, de su suelo, de su historia y tradiciones;la negación de la de la naturaleza del hombre y la subjetivación de la fe; la consecuente pérdida del sentido común, de la capacidad de ver lo obvio. Y, naturalmente, la ruptura con el Creador y con la creación.

El “insensato”, que le llama Saint-Exupéry.

[1]Alude a dos hechos: lo que llama “política abandonista sugerida por el anticolonialismo de Norteamérica, de los Soviets y de la ONU. Y al Concilio Vaticano II, al que denomina “el concilio ecumenista”.

[2] La del racionalismo no es la razón unida a la fe, sino precisamente independizada de la fe. La deshelenización, que dijo Mons. Aguer.

 

*El Dr. Carlos Bosch es Secretario de la Asociación Civil Abogados por la Justicia y la Concordia.

 

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