DISCORDIA Y CONCORDIA

DISCORDIA Y CONCORDIA

Editorial

 

 

Emociona profundamente la “experiencia personal” relatada por la Sra. Delicia Rearte de Giachino en una nota que publicamos en este mismo espacio. Emociona por la nobleza de los tres protagonistas del relato. La del soldado argentino Pedro Giachino, quiene murió cumpliendo su deber en defensa de la patria; la de la madre fuerte que perdió a su hijo y lo extraña con orgullo; y la del soldado inglés que insistió con fuerza en visitar y rendir honores a la madre de quien fue su enemigo.

Y da qué pensar.

Pensar en la abismal diferencia entre la actitud de un militar de buena ley que rinde  homenaje a un ex enemigo que murió  como un valiente en el campo de batalla, comparándola con la de ex subversivos activistas (sin duda un grupo menor) que aún hoy continúan destilando su odio y buscando obtener lo que no pudieron imponer entonces por las armas. Aunque, eso sí, mientras siguen recibiendo beneficios de un Estado que les teme y no termina de reaccionar.

Pensar también en esta madre, en esta mujer positiva, sin rencores, tan distinta de las asociaciones de mujeres extremistas cuyo odio y espíritu destructivo vemos clamar a diario, tal como ocurre con las denominadas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Pese a la muerte de un hijo, lo peor desgracia para una madre, Delicia Giachino no vive pensando en venganzas ni masticando odio sino queriendo sólo el bien de su patria. Vive en positivo, orgullosa del hijo que sacrificó su vida en cumplimiento de su deber de soldado y de argentino. Dos actitudes opuestas, una destructiva que busca evitar que en la Argentina renazca la imprescindible concordia que le permita marchar hacia el futuro; la otra constructiva, que quiere un país unido y en marcha.

Hace dos o tres días Luis Alberto Romero publicó un interesante artículo sobre cómo a su juicio podría cerrarse esa brecha que divide hoy tan drásticamente a los argentinos.

Tal vez podamos discrepar con este honesto e inteligente autor en algunos aspectos. Por ejemplo en cuanto a que la brecha a la que alude esté dividiendo realmente “a los argentinos”, así nomás dicho, es decir, a la mayoría de los argentinos. Porque del otro lado de la brecha, del lado de los destructivos, no está la mitad de los argentinos, ni la cuarta parte, ni el 20 ni el 10 por ciento. Sólo un grupo muy poco numeroso pero muy activo y con fuerte apoyo económico y mediático. Y, bueno es reconocerlo, tampoco de este lado – del lado de quienes luchamos por detener la acción disolvente de aquellos y bregamos por la restauración de los valores tradicionales y por el saneamiento de una justicia inexistente – tampoco somos muchos. Porque la gran mayoría del país vive ajena a esa brecha, creyendo en parte lo que le muestran los medios y los jueces corrompidos, pero aun así resistente  al veneno que se le inocular  día tras días bajo las narices de un gobierno que no termina de ponerse los pantalones.

No podemos, sin embargo, no coincidir con el Sr. Romero en cuanto a que, sin analizar causales y contra causales, lo que pasó en los setenta fue una tragedia compartida en la que todos fuimos los actores y las víctimas. En que la historia debe ser veraz y objetiva y en que todas las víctimas deben ser recordadas.

Porque, equivocados o no, todos eran seres humanos y argentinos.

 

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