COMUNICACIÓN

COMUNICACIÓN

En un reportaje de 70 minutos para el programa de televisión llamado Salvados, que produce y conduce  un   periodista   claramente enrolado –para decir lo menos- en la línea progre y que se emite para un canal de Barcelona, el Papa Francisco habló un poco de todo.

Nada diremos, con una sola salvedad, de sus respuestas o comentarios a los temas propuestos. Basta con advertir que no habló como Jefe de la Iglesia, ya que no sólo por los asuntos que le planteó el periodista, sino por el tenor de sus respuestas, el Papa se expresó como un político más.

Pero lo que no podemos pasar por alto es que, en un contexto que no correspondía a la Argentina, sino a los muertos y desaparecidos durante la guerra civil española, el Papa dijo textualmente lo siguiente: “En Argentina fueron más de 30.000 en la época de la dictadura. Me tocó de cerca eso. Siempre he defendido el derecho a la verdad sobre lo que pasó; el derecho a una sepultura digna, a encontrar los cadáveres. En Argentina se sigue haciendo. Es un derecho no sólo de la familia, de la sociedad. Una sociedad no puede sonreír al futuro, teniendo a sus muertos escondidos.” Y agregó: “Nunca vas a tener paz con un muerto escondido.”

Nuestra Asociación podría hacer una larga declaración a partir de estas expresiones del Papa. Para ello le sobran autoridad, méritos, derecho  y –también- información. Pero en esta ocasión queremos limitarnos a poner de manifiesto tan sólo dos hechos.

Los hechos, como es sabido, son más contundentes que las palabras.

El primero es que el Papa, cuando no era tal, sino sacerdote, después obispo y finalmente Arzobispo de Buenos Aires y Cardenal Primado de la Argentina, nunca dijo públicamente cosa alguna sobre desaparecidos ni sobre el supuesto derecho a encontrar cadáveres, y jamás advirtió a los argentinos que nunca tendríamos paz con un muerto escondido.

El segundo hecho es que la cifra de 30.000 desaparecidos en la Argentina –tan redonda ella- es total y absolutamente falsa, y que su utilización, tanto en el plano local cuanto mundial, cumple la función de una consigna ideológica, que se agita tanto para deslegitimar la guerra contra el terrorismo librada en los años ’70, cuanto para lucrar de manera repugnante con su inevitable resultado de muertos y heridos.

Ningún argentino ignora esto, incluidos aquellos que –estos sí públicamente- reivindican y entonan loas al terrorismo de entonces. Tan evidente es también para ellos la mentira de los 30.000 desaparecidos que, en el vano intento de no caer en el ridículo, afirman con desparpajo que ese número tiene carácter simbólico.

Si alguno cree que hace falta decir más, pues que lo diga.

Buenos Aires, 2 de abril de 2019.

              Carlos Bosch                             Alberto Solanet

                Secretario                                  Presidente

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