Editorial

La marcha

La manifestación del 18F, que así le dicen y que será hoy miércoles, tendría muy poca adhesión si no fuera porque el país está completamente harto de los Kirchner y de la cohorte de delincuentes y macaneadores que los acompañan. Empecemos, por ende, sentando esta primer premisa: digan lo que digan los fiscales con poca buena fe, la marcha es política y antikirchnerista. Así lo percibimos todos claramente y por eso vamos. Si así no fuera, los fiscales marcharían casi solos desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo. O tal vez ni siquiera lo harían.

No se trata, por ende, como pregonan los organizadores, de un inmenso homenaje al justiciero Dr. Nisman “asesinado por cumplir su deber”, sino de un acto de manifestación del hartazgo general sentido por una gran cantidad de argentinos que se unen en la emergencia sólo por eso: el hartazgo.

Y algo más podría decirse: la principal repulsa es sin duda contra el kirchnerismo, pero en la volada no deja de caer también toda una oposición incapaz de un solo pensamiento grande y que no sabe hacer otra cosa que bailar al ritmo kirchnerista.

No vale la pena volver sobre las causas de aquel hartazgo contra el gobierno: las conocemos todos. Hartazgo de ella, de sus mentiras, de sus ridículos aires monárquicos, de sus robos y de ese inconmensurable guarangaje de alma que muy bien resaltó Tata Yofre en el programa de Grondona. Y de la corte de audaces bandoleros de caminos y vendedores ambulantes que la rodean, esmerados en destruir el país, tanto en su territorio, como en su economía, en su moral, en su justicia, en su educación, en sus fuerzas armadas y policiales y en sus familias, es decir en su sociedad.

A lo que se une hoy la exasperación ante la tenebrosa muerte del fiscal acusador y ante la sospechosa torpeza de quienes deben dilucidarla.

En cuanto a la oposición, flota también en el ambiente el hartazgo ante su nadería.

Por todo eso marcha el país, aun cuando muchos tal vez no tengan demasiado en claro hasta qué punto marchan por eso. El asesinato o lo que sea de Nisman, junto con Nisman mismo y su propia historia pública, son símbolo fuerte y cruda manifestación de la terrible podredumbre de un país inmerso en todas aquellas degeneraciones, un país que sabe que ha sido terriblemente corrompido y que no vislumbra salida alguna para esta situación, frente a lo cual sólo atina en lo inmediato a manifestar su repulsa contra lo más visible, ostentoso y aparente de dicha podredumbre: el kirchnerismo y, concretamente, la mujer que lo encabeza y representa tan bien lo que el kirchnerismo es.

Hay repulsa, hay hartazgo de la gente frente a tanta mentira, y contra eso irá la gente – en silencio o gritando – a la manifestación. Pero estará faltando en ella denunciar la mentira básica del kirchnerismo, la base sobre la cual pudo ser construido este increíble andamiaje de corrupción, y ahora de asesinato. Es que la gran bandera del gobierno, su arma fundamental para adueñarse del país como lo hizo y ejercer sin resistencia la tiranía destructiva que hemos venido padeciendo desde que llegó al poder, fue sin duda la distorsionada versión kirchnerista de la historia de los años setenta y la consecuente demonización de los militares, convertidos como por arte de magia en monstruos sedientos de poder y de sangre que sin decir agua va se dedicaron a perseguir, torturar y matar indefensos civiles y sumieron el país en una tenebrosa y cruel dictadura. Esta mentira fue la base, el sustento primario de la construcción del poder tiránico de los Kirchner: sabían que en ello serían apoyados por la izquierda local e internacional. Así se consiguió a un tiempo el fortalecimiento del gobierno y la destrucción física y moral de las fuerzas armadas. Objetivo que se pudo también cumplir, bueno es precisarlo, no sólo con el apoyo de gran parte de la prensa nacional y extranjera, sino también con el de las mismas fuerzas armadas que se habían encargado en los setenta, con su pésimo gobierno y sus infinitas torpezas, de preparar el camino.

Así duraron todo este tiempo, hasta que la fuerza internacional que los apoyó decidió llegada su hora, frente a lo cual esta absurda – y, por qué no admitirlo, bastante corajuda, señora – se quedó solita con el grupo de gritones pagos.

Pero el mentiroso pedestal sobre el que se encumbraron los Kirchner sigue en pie. La historia tergiversada sigue en boga aun cuando se oyen más voces en contra que antes. Y mientras ese pedestal no caiga, el país seguirá viviendo en la mentira.

Es lógico pensarlo así: el reencauzamiento del país después de la pesadilla kirchnerista no tendrá posibilidad real de andamiento si no se comienza por demoler la base de su mentirosa construcción de poder. Pretender desde ahora construir nuestra historia hacia el futuro colocando ladrillos sobre esos cimientos podridos implicará seguir viviendo en la mentira sobre nuestra propia identidad. Nada firme y perdurable puede construirse sobre esa base.

Es hora, por lo tanto, de que algún político argentino, si es que alguno existe con pasta de tal, se dé cuenta de que es este el preciso momento de terminar de poner al descubierto la mentira básica del kirchnerismo, a saber, que la historia de los setenta no es como ellos la contaron.

Los candidatos actuales saben la verdad de cómo fueron las cosas, pero tienen miedo. Le temen a la prensa que batió el parche sobre la mentira kirchnerista. Temen ser acusados de partidarios de genocidas y torturadores y asesinos seriales.

Pero lo hemos dicho antes. Aquí no se trata de salir a defender al Proceso, ni a los militares, ni a la metodología empleada para combatir la subversión. Por supuesto que sobre esos aspectos se han construido muchas falsedades con el auxilio de jueces que hace tiempo renunciaron a su deber de impartir justicia. Pero ahora no se trata de eso, ni de salir a encomiar al gobierno del Proceso, que por supuesto no lo merece en absoluto, ni de justificar la metodología defensiva de los militares para enfrentar al terrorismo.

De lo que se trata, simplemente, es de comenzar por proclamar la verdad fundamental, una verdad que nadie desconoce pero que casi nadie proclama: la guerrilla marxista entrenada en Cuba invadió nuestro país con el propósito de tomar el poder por las armas e instaurar una sangrienta dictadura comunista. Las fuerzas armadas, inducidas por los políticos de aquel momento, peronistas y no peronistas, salieron de sus cuarteles para detener este intento. Y lo detuvieron. Nada más que esto: hubo una guerra desatada por la guerrilla e impulsada por Cuba para terminar con las instituciones de la República – todas ellas – y asesinar y encerrar a una cantidad de gente; y en esa guerra las fuerzas armadas defendieron al país e impidieron aquel resultado.

De una vez dejar sentado que los setenta no fue un período de militares contra el país, como la propaganda kirchnerista impuso, sino un período de defensa del país contra la agresión comunista en el que los militares, impulsados por el resto del país, salieron a detener el espanto del terrorismo.

Sentado esto, habrá muchas cosas que analizar y muchas cosas a justificar y otras muchas a no justificar. Pero si no se empieza por ahí la mentira seguirá su curso, con kirchnerismo o sin él.

La marcha, entonces, puede ser un grito de la gente hastiada de tanta mentira. Pero le faltará denunciar la mentira básica de la cual proviene la mayoría de nuestros males actuales. Las Madres y la Abuelas de Plaza de Mayo no estarán en la marcha, obviamente, porque saben bien que el piquete de destrucción de las mentiras kirchneristas se acerca peligrosamente a su propia quinta.

Palabras en la Asamblea y fin de año 2014

De lo actuado este año debo destacar nuestra visita a la Santa Sede, donde tuvimos oportunidad de hablar con el Papa acerca de la situación de los presos políticos y entregarle una carpeta con documentación sobre el particular. Su respuesta final fue “nos estamos ocupando”. Al día siguiente nos recibió, en su despacho en el Palacio Apostólico, el segundo de la Secretaría de Estado y encargado de las relaciones con los Estados, Mons. Mamberti, quien fue acompañado por dos Asesores. Esta reunión fue muy a fondo y duró una hora y media, con lo que se acreditó que efectivamente se están ocupando.

El otro acontecimiento para destacar fue la fundación del Foro de Buenos Aires por la Justicia la Concordia y La libertad, en el que pudimos reunir durante los dos días un promedio de 250 personas. Vinieron representantes de todos los países de la región, menos Bolivia, a quienes su gobierno no les permitió viajar con este cometido. Fue un verdadero éxito y pudimos cambiar ideas acerca de los temas que nos son comunes, vinculados a la persecución a militares y civiles que combatieron contra la subversión marxista, dentro del marco de una política de inspiración Gramsciana.

Hace cinco años, cuando fundamos la Asociación ni se hablaba del tema que nos convocó, del aniquilamiento del orden Jurídico y su consecuencia, el encarcelamiento de quienes defendieron a la Nación de la agresión marxista y la necesidad de encontrar el camino de la reconciliación de los argentinos. Hoy se escucha la palabra concordia con bastante frecuencia, pareciera que se ha instalado, aunque en forma incipiente, en la sociedad como un objetivo imperioso. Creo que hemos contribuido nosotros, tanto como quienes conforman las entidades a las que me referí al comienzo, como varios de quienes otrora estaban en la vereda de enfrente, me refiero a Leis, Masseti, Labraña, Fernández Meijide y otros.

Han contribuido obras esclarecedoras, entre otras, las de Juan Bautista Yofre y Carlos Manuel Acuña, muerto hace un año, a quien le rindo especial homenaje;

En estos cinco años no hemos dejado de visitar las cárceles donde están ilegal e injustamente encerrados quienes, como he dicho, defendieron a la Nación frente a quienes quisieron tomar el poder por las armas. A ellos, a los presos políticos, les rendimos un emocionado homenaje y les decimos que todas las cárceles donde se encuentran, encierran un pedazo de la patria.

El tamaño de la mentira institucional crece todos los días ante la pasividad de una sociedad indolente, un dirigencia política cómplice de las peores leyes impulsadas por el poder, un empresariado que solo reacciona cuando se afecta e bolsillo. Acaban de dar media sanción en Diputados por unanimidad, salvo los que se abstuvieron, lo cual es peor, pues son los tibios del Apocalipsis, a una ley que prohíbe la amnistía, los indultos y las conmutaciones de penas para los acusados de delitos de lesa humanidad. Una ley que prohíbe perdonar. Nadie dijo nada. Aquellos que se arrodillan frente al libro de la constitución no tienen el menor empacho en pisotearla con tal de no contradecir la ideología. La ideología ha sustituido a la justicia y al derecho. ¡No se dan cuenta que la falta de justicia hace de las naciones una cueva de ladrones!

El año que viene vamos a votar, sin la menor convicción, sin sentirnos representados por nadie, solo movidos por el deseo de sacarnos de encima al monstruo que nos gobierna.

De todas maneras seguimos luchando con convicciones firmes, con la fe y esperanza puesta en Dios, quien no defrauda.

Lo que quede de la antigua estirpe argentina debe ponerse de pie para restablecer la Justicia y recuperar la Concordia. Que Dios nos ayude. Feliz Navidad para todos.

Alberto Solanet

Diciembre 1° de 2014

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