Marzo | 2013
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"Justicia y Concordia" saluda y agradece a S.S. el papa Francisco
Cuando la política desplaza al derecho aflora la injusticia
La visión del ex presidente Julio M. Sanguinetti
Nuestra Asociación acompañó a la "Asociación de Hijos y Nietos de Presos Políticos" en un acto
Discurso del Dr. Ricardo Saint Jean
Un loable llamado a la concordia nacional del Grupo "Pacificación Nacional Definitiva" de fecha 24 de marzo de 2013
como parte de su objetivo de lograr "una Nueva Década en Paz y para Siempre"

"Justicia y Concordia" saluda y agradece a S.S. el papa Francisco

La designación de un nuevo papa, en la persona de nuestro connacional Jorge Mario Bergoglio, abre a la Iglesia Católica nuevas expectativas, tal como ha sido su dinámica secular y, particularmente en nuestro país, supone el reconocimiento de las virtudes personales del ahora papa Francisco.

Quiera Dios, nuestro Señor, hacer de Francisco un instrumento fructífero de su Palabra y del amor entre los hombres.

“Justicia y Concordia” se ha sumado a las adhesiones y plácemes del mundo entero, a través de la carta que remitió al Santo Padre. Su texto es:


Buenos Aires, Marzo 15 de 2013

Su Santidad Francisco

Beatísimo Padre:

Tenemos el honor de dirigirnos a Su Santidad, en representación de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, para expresarle nuestro filial afecto y agradecimiento por haber aceptado, con humildad ejemplar, cargar con el peso de la Cruz que el Señor ha puesto sobre sus hombros. Rezamos para que el Señor lo ilumine y lo colme de gracias, con la intercesión de Nuestra Señora de Lujan, para que su Ministerio sea fecundo, y pueda conducir la barca de Pedro en este mar turbulento, con mano segura. Como feligreses de nuestra patria común, unidos en la búsqueda de la verdadera justicia y concordia entre los argentinos, imploramos su bendición apostólica.


Mariano Gradín | Alberto Solanet
Secretario | Presidente

Cuando la política desplaza al derecho aflora la injusticia
La visión del ex presidente Julio M. Sanguinetti

“Justicia y Concordia”, en su boletín del mes pasado, hizo mérito de la sentencia dictada por la Corte Suprema de la República O. del Uruguay el 22 de febrero de 2013 sobre represión de actividades terroristas en su territorio, pues era ajustada a normas fundamentales del orden jurídico constitucional y penal, mayoritariamente admitidas y tuteladas por las naciones civilizadas.

Ocurrió luego, el 1ro. de marzo último, que en nuestro país, en la apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional, la titular del Poder Ejecutivo tuvo expresiones sobre aquella realidad uruguaya, desafortunadas por cierto, en las que hizo gala de su particular concepción ideológica, de colocar al orden político por encima del jurídico.

Mas allá del riesgo que esa concepción supone en la vida democrática de las naciones, es oportuno resaltar y recordar las enseñanzas del Dr. Julio M. Sanguinetti en un tema tan ríspido como evidente, pues ellas coinciden con los postulados que nuestra Asociación viene sosteniendo con toda firmeza.

En efecto, reclamamos la plena garantía del debido proceso y de legalidad penal por cuanto –doloroso es comprobarlo- nuestro sistema judicial, al amparo de una impropia, injusta e ilegal “Política de Estado”, en lo atinente a la lucha contra el terrorismo subversivo de los años ’70, ha optado por sustentarse en la ideología y en la venganza para generar procesos amañados, verdaderas farsas judiciales. Construcciones políticas tan deleznables son, por el momento, un penoso valladar a la concordia entre los argentinos.


Lunes 11 de marzo de 2013. Edición impresa de “LA NACION”

El supuesto sufrimiento de Uruguay
Por Julio María Sanguinetti (*)

En su torrencial mensaje al Parlamento al inaugurarse el período parlamentario, la señora presidenta de la Argentina se condolió de los presuntos sufrimientos que aparentemente nos afligen a los uruguayos. En el contexto de una larga tirada en contra de la Justicia, dijo: "Miren si no lo que está sufriendo el pueblo de Uruguay. El repudio de distintas personalidades y países frente a una política que niega el cumplimiento de los elementales derechos humanos a los que tiene derecho toda sociedad".

Ante todo, digamos que no es aceptable que un jefe de Estado se introduzca en la vida política de otro Estado, por más cercano y hermano que éste sea. ¿Qué le parecería al Gobierno de la Argentina que el presidente de Uruguay, por ejemplo, cuestionara sus actitudes hacia la prensa o considerara peligrosa su propuesta de reforma judicial? Elementales códigos de convivencia internacional imponen a todos los Estados el recíproco respeto a su vida interna, especialmente cuando se trata de países democráticos, cuya vida institucional se encuadra dentro de sus normas y se vive conforme a sus hábitos.

Dicho esto, hablemos claro sobre los episodios a los que se refería la mandataria. Se trata de que la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucional una absurda ley "interpretativa" de la amnistía a los militares ("ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado") que en términos prácticos anulaba sus efectos. La resolución motivó las iras de algunos grupos radicales que, en un acto inaudito de patoterismo, ocuparon la sede de la cabeza del Poder Judicial, pretendiendo impedir el traslado de una jueza, uno en 16 traslados de los que rutinariamente realiza. Por ambos motivos, el tal traslado y la declaración de inconstitucionalidad, la bancada parlamentaria oficialista lanzó una andanada de agravios contra la justicia y hasta llegó a amenazarla con un disparatado juicio político. Cuando sus fallos sobre la materia le han agradado, sólo hubo aplausos, como cuando la justicia exceptuó de la amnistía varios casos referidos a militares, policías y civiles de la época de la dictadura. Si el pronunciamiento no agrada, en cambio, se lanza una andanada impropia de un país en que la separación de poderes es principio histórico, que nos viene desde las "Instrucciones" artiguistas de 1813.

La ley interpretativa se sabía de antemano que era inconstitucional; así lo habían dicho una y otra vez los juristas consultados por el Parlamento. ¿Por qué lo es? Porque pretendía retrotraer la tipología delictiva de "delitos de lesa humanidad" a una época en que no existía, violando así el histórico principio liberal de la irretroactividad de la ley penal más gravosa.

Bueno es recordar que la salida pacífica de Uruguay hacia la democracia se hizo sobre la base de tres leyes, una que amnistió a los guerrilleros que habían atentado contra la Constitución, pretendiendo instaurar por medio de la violencia un régimen marxista; otra que estableció reparaciones a funcionarios postergados y otras víctimas de la dictadura, y una tercera que amnistió a los militares por sus delitos en la época dictatorial. O sea que hubo dos amnistías, una para cada lado.

Por cierto, las amnistías son siempre discutibles por ofrecer una solución racional a una situación pasional, pero ellas han sido, a lo largo de toda nuestra historia, el obligado final al conflicto sangriento, cada vez que se quiso mirar hacia adelante y pacificar el país.

Más allá de todos los debates éticos, lo indiscutible es que: 1) esas amnistías resultaron eficaces y lograron su afán pacificador, sin que se sufrieran más rebrotes guerrilleros o militares, como los que infortunadamente vivió la Argentina; 2) que ambas tuvieron apoyo popular, porque la ley de amnistía a los militares fue ratificada plebiscitariamente dos veces por la ciudadanía, en abril de 1989, al principio de un año electoral, y en noviembre de 2009, junto a la elección presidencial que consagró a José Mujica.

Éste fue el camino uruguayo. El cambio en paz. Desde 1985 hasta hoy, han gobernado tres partidos diferentes, sin zozobras ni violencias. El pueblo acompañó el esfuerzo y si también extendió a los militares el perdón que había dado a los guerrilleros, fue por su afán de mirar hacia adelante sin rencores: si se abría el capítulo de la persecución a todos los hechos de la dictadura, se abriría también el de los tantos crímenes de la guerrilla que no habían tenido sanción y el país se condenaría a mantener abiertas las heridas del pasado. La inmensa mayoría de los uruguayos repudió todas las formas de la violencia política, lo reiteró con el voto y, si algo ha hecho la justicia hoy, es respaldar el Estado de Derecho. Nosotros no compartimos muchos de sus pronunciamientos anteriores, pero los acatamos, así como respetamos éste, que preserva garantías fundamentales.

Desgraciadamente, hay uruguayos de débil convicción democrática, que no respetan los pronunciamientos de la ciudadanía, y los de la justicia, sólo cuando los entienden favorables a su causa. No son los más, felizmente. La mayoría, si de sufrimiento se trata, sólo padecemos cuando no se acata a la justicia ni al voto popular. O cuando no se respeta nuestra dignidad nacional, con jefes de Estado que desde fuera de fronteras se entrometen en nuestros debates.

© LA NACION


Nuestra Asociación acompañó a la "Asociación de Hijos y Nietos de Presos Políticos" en un acto
Discurso del Dr. Ricardo Saint Jean

El martes 26 de febrero último la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA convocó a un acto público –solo para los aceptados a ingresar-, a fin de declarar la apertura del año judicial –que había comenzado sin acto alguno el 1ro. de febrero anterior- y también para conmemorar el 150 aniversario de su creación –que se cumplirá recién en octubre- (cfr. http://www.cij.gov.ar/nota-10746-Lorenzetti-encabezo-el-acto-por-el-150--aniversario-de-la-Corte-Suprema-de-Justicia.html).

Ese acto sirvió para evidenciar, a través de las sorpresivas ausencias de quienes habían prometido concurrir, el enfrentamiento que mantiene el partido gobernante, desde los otros poderes del gobierno, con el Alto Tribunal, enfrentamiento que se origina por decisiones que, según sus capitostes, no se ajustarían a la esperada obediencia debida, inaudita por cierto.

Coincidiendo con la insulsa celebración oficial, pero solamente en el tiempo, la Asociación de Hijos y Nietos de Presos Políticos convocó a un acto, que tuvo lugar a la misma hora en la Plaza Lavalle, pues era oportuno denunciar una vez más las aberraciones que diariamente se cometen en los juicios llamados de lesa humanidad, convertidos en un sistemático plan de exterminio de sus mayores enjuiciados.

Nuestra Asociación estimó procedente sumarse a éste último acto, y convocó al efecto a sus asociados y amigos.

Una crecida concurrencia acompañó el desarrollo del acto y aplaudió al orador principal, nuestro consocio el Dr. Ricardo S. Saint Jean quien, además, suma la condición de ser hijo de uno de los probos ciudadanos que murió en una injusta e inhumana prisión. El Dr. Saint Jean dijo lo siguiente:

Los militares y policías, y los civiles que desempeñaron cargos durante el gobierno militar, son los parias de la democracia.

Son discriminados como si fueran esclavos.

A los esclavos y sólo a ellos, se les aplica retroactivamente la ley penal, violándose garantías y derechos humanos consagrados en nuestra constitución. Y se les niega la prescripción, todo lo cual es ilegal tal y como lo ha declarado para todo el mundo la Corte Suprema de Justicia del Uruguay, citando expresamente al Dr. Fayt.

A los esclavos y solo a ellos se les niegan los efectos de las leyes de amnistía dictados por el mismo congreso que ahora mira para otro lado.

La Corte Suprema, ésta que hoy festeja el inicio del año judicial, cambió los criterios del plenario “Díaz Bessone” de la Cámara de Casación, sólo respecto de los parias y los esclavos.

De esta forma son los únicos a los cuales no se les otorgan excarcelaciones.

Los esclavos son los únicos en la argentina a los que se los mantiene detenidos por más de tres, cinco y hasta nueve años sin condena.

A los esclavos no se les permiten las salidas transitorias ni aún estando condenados, porque la estrategia, llamada por Lorenzetti “política de estado”, es formarle siempre nuevos procesos, de modo que nunca alcancen los beneficios humanitarios que la ley Argentina consagra para los penados.

De esta forma los mantienen –increíblemente- en peor condición estando procesados, con el principio de inocencia vigente, que estando condenados.

A los esclavos se los condena sin habérseles probado una sola conducta delictiva concreta, simplemente por el destino o el cargo que ocupaban. Aquel estaba en un destacamento de inteligencia, aquel se desempeñó en una unidad de ejército, este era ministro. Y sin que a ninguno de ellos se les pruebe el dominio del hecho por el cual los penan.

Ni mucho menos la existencia de un supuesto ataque sistemático y generalizado a la población civil, requisito de los delitos de lesa humanidad, que ya el fallo de la causa 13 contra los comandantes, descartó completamente con todas las pruebas en la mano.

A los esclavos viejos, los que tienen más de setenta años, se les prohíbe el beneficio de la detención domiciliaria.

191 han muerto detenidos, sin condena. Pero no importa, son esclavos.

A los esclavos se los somete a juicios públicos donde ellos y sus familiares son insultados, amenazados y agredidos por militantes que festejan quemando patrulleros y vehículos del servicio penitenciario, haciendo más grotesco el linchamiento judicial.

A los esclavos se les hacía una marca visible.

Pues a nuestras causas, y solo a ellas, se las identifica en todos los juzgados y cámaras del país con un enorme sello rojo que dice “DDHH”, no sea que a algún distraído se le ocurra aplicarle el mismo derecho que se le aplica al resto de los habitantes de la Nación.

El látigo disciplinario no es sólo para los procesados esclavos, lo es también para los jueces que quieren ser independientes. Que pretendieron sentar criterios legales objetivos.

A los jueces a quienes se les ocurrió conceder excarcelaciones a los parias, a los esclavos, se les pidió el juicio político, caso de Alfredo Bisordi, de Berraz de Vidal, de Durañona y Vedia, de Gustavo Hornos, de García, de Yacobucci y de tantos otros.

Los Jueces Federales que no tenían muchos procesos contra los parias y esclavos, sufrieron escraches en sus domicilios, y la visita preocupada de los organismos de DDHH siempre acompañados por el Cels de Verbitsky y algún diputado esclavista.

Y en los exámenes para nombramientos o asensos, expresamente se les pregunta qué opinan sobre esta clase de juicios.

Asesinan a los parias y a los esclavos.

Como lo hicieron con mi padre, el Gral. Ibérico Saint Jean, los jueces Rosansky, Portela y Falcone, que lo mantuvieron en proceso contra diez informes suscriptos por diferentes médicos del cuerpo medico forense que lo declararon incapaz para estar en juicio. Y con 90 años, enfermo de cáncer y sin posibilidades de caminar por sus propios medios, le revocaron la detención domiciliaria y lo enviaron a Ezeiza.

Y persiguieron a los médicos forenses que habían dictaminado a favor denunciándolos ante la corte suprema.

Hasta que se descompensó.

Mi padre murió, sin condena, tan solo dos semanas después, en el pabellón del Hospital Militar que aloja a los esclavos.

Los esclavos son mercancía, moneda de cambio.

Por eso el gobierno le explica sordamente a la ciudadanía que nos roban y nos matan en la calle por cualquier cosa, pero que no se preocupen, porque ellos persiguen a los represores que habrían cometido delitos hace 35 años.

Cualquiera y en cualquier lugar roba y mata por unas zapatillas o un celular, pero no se preocupen, la policía y la justicia funciona, hoy detuvimos a otro esclavo que habría cometido un delito en 1975.

Y le explican a la ciudadanía que los trenes descarrilan y muere gente, “pero estela, estarás contenta porque hoy condenamos a otros nuevos parias a los que juzgamos por hechos de hace 35 años”.

La droga se enseñorea a lo largo y ancho del país y la corrupción de los funcionarios es la más alta que alguna vez hayamos visto, pero no hay impunidad, mantenemos ocupados todas las agendas de los tribunales federales, que son los que deben investigarlos, con los juicios por hechos de hace 35 años.

¿Hay algo peor que una dictadura que viola los derechos humanos de sus habitantes?

Si, una democracia que viola los derechos humanos de sus habitantes.

Hasta qué punto se ha arrodillado la justicia que hoy traspasan los limites del veinticuatro de marzo del setenta y seis solo para perseguir a quienes eran policías o civiles que combatieron el terrorismo guerrillero en los años setenta y cuatro y setenta y cinco.

No ven acaso que solo se juzga y se persigue como esclavos a los antiguos enemigos de los montoneros?

Y no sólo a aquellos que los combatieron con las armas, sino también a los jueces que, con la ley en la mano, los condenaron, como es el caso del Dr. Jaime Smart.

Ya no solo saltan obstáculos legales y constitucionales insalvables para cualquier país civilizado. Ahora dan además una muestra de un zigzagueo jurisprudencial vergonzoso y asombroso para designar y perseguir a los parias, a los esclavos y a quienes consideran un obstáculo a sus ambiciones.

A tal punto ha permitido la corte la vulneración del derecho que, al romper para los esclavos el granítico principio de irretroactividad de la ley penal, le ha abierto a este gobierno, y a todo otro que venga en el futuro, la posibilidad de perseguir a sus opositores políticos.

Porque usando el mismo precedente que le aplican a los militares, ahora acusan de delitos de lesa humanidad, a la señora de Noble, a Magneto, a Mitre, a Blaquier, a sindicalistas, a jueces, a sacerdotes.

No se cumple este año ningún aniversario de ningún fallo de la corte con el cual pretenden festejar el inicio del año judicial. Este año se cumplen doscientos años de la asamblea general constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. La Asamblea del año 13.

Aquella que dejó sentado para siempre que en esta tierra no aceptamos prerrogativas de sangre ni de nacimiento. Que en la argentina no existen fueros personales ni títulos de nobleza. Que en esta Nación todos somos libres, e iguales ante la ley.

No puede haber esclavos, ni permitirse su existencia.

El terrorismo guerrillero, en los 70, nos secuestraba y nos mataba como a perros. Por ser militares, por ser policías, por ser familiares de militares o policías estábamos condenados a muerte. Y la patria, si ellos triunfaban, a la esclavitud de la falta de libertades de Cuba, de China, de la Unión Soviética. Ya para el año 74 y 75, cuando los hechos desbordaron a la ley, para cuando la violencia y el caos se adueñaron del país, tronaron las armas. Y cuando los acontecimientos parecieron superar a las instituciones, la junta militar, los comandantes de las tres Fuerzas Armadas, asumieron –contra la ley- el Gobierno de la Nación.

¿Que creen acaso?; ¿que los hijos y nietos de los presos políticos estamos de acuerdo con la ilegalidad de entonces, con la violencia, con el uso de las armas como medio para dirimir los conflictos?

¿Creen acaso que no sabemos de su dolor? ¿Que es diferente tener un padre, un hermano o un esposo detenido que tenerlos desaparecidos?, ¿aun cuando estén muriendo en prisión como nos ocurre a nosotros?

¿Creen que no consideramos a todo eso una injusticia y un dolor mayor al que estamos ahora viviendo nosotros?

Pero señores, ya no una vez, sino varias en la historia argentina, abandonamos la ley para alcanzar lo que creíamos justo. Si la Junta Militar abandonó la Ley para alcanzar la victoria sobre el terrorismo, abandonar la Ley, en democracia, para alcanzar lo que consideramos que es justo, es la vuelta a la selva, a la venganza, a los mas bajo de nuestra naturaleza. Es el suicidio del sistema. Es violar los derechos humanos en nombre de los derechos humanos.

¿Y creen ustedes por ventura que el poder judicial, este poder judicial federal, es el que habrá de solucionar nuestros problemas?

Este poder judicial federal integrado por jueces que pugnan porque les hagan notas en Pagina 12 o reportajes en los medios oficiales, para explicar cómo y porqué hacen lo que está prohibido por la Ley?; que se abrazan con los querellantes, emocionados, cada vez que condenan a cadena perpetua a los esclavos. Con esos jueces que quieren ser Dalessio, Strassera, Moreno Ocampo, pero condenando a agentes y cabos de la policía y del servicio penitenciario hoy ancianos, y oficiales que tenían 20 y pocos años cuando ocurrieron los hechos, con generales que se les mueren en las cárceles insanas, abandonados y sin respaldo de la Institución a la que sirvieron y de la Nación que los envió a combatir del modo que lo hicieron?

¿Estos jueces que son débiles con el fuerte y fuertes con el débil?

Son ustedes, gobernantes, los que apañan a los ideólogos de ayer, los que respaldan sólo a los familiares del terrorismo guerrillero, los que gozan de privilegios y algunos además se enriquecen, mientras mantienen presos a la policía y a los militares. Ustedes, que silencian a la prensa, que controlan los precios, que escrachan a los jueces independientes y atemorizan a los disidentes. Son Uds. quienes, en lugar de actuar como padres de una comunidad de hermanos, bregar por el perdón, la reconciliación y la unión de los argentinos, fomentan el odio, el resentimiento, la eterna división. Y dicen: que haya unión, pero con justicia. Señores, la ausencia de legalidad, es una renuncia a la justicia. La argentina nos queda grande. Y no por su vasto territorio. Nos falta grandeza de alma a los argentinos para superar nuestros abismos, para conseguir los objetivos por los cuales vivieron y murieron tantos compatriotas.

Me pregunto si es porque desde nuestros inicios, por cada vez que prometemos vivir coronados de gloria, tres veces juramos morir por ella. Una Nación donde –en definitiva- pareciera que es mas fácil morir por amor a los ideales, que aceptar el desafío de vivir con ellos. Mientras contemplamos, impávidos, la decadencia de un país que se divide en countrys y villas miserias. ¿Qué hacemos, regodeándonos en el pasado del dolor y la violencia, cuando millones de nuestros chicos nacen en los mundos marginales de la violencia, la droga y el desamparo? ¿No debiéramos darnos allí la mano, en el rescate a los más necesitados, a los urgentemente necesitados, allí donde un sacerdote fue asesinado el día que renunció a la violencia para abrazar la ley?.

Ese Hombre seguía a quien hace 2000 años dijo: “aquel que ha puesto la mano en el arado, y mira hacia atrás, no sirve para el reino de Dios”.

No se trata de una prohibición de mirar hacia atrás, o un ocultamiento o censura del pasado. Se trata de una invitación a poner –todos y cada uno- la mano sobre el arado.

Para construir nuevos surcos en el presente, surcos que son preparación para el futuro… que es lo único que podemos hacer para transformar el pasado, para convertir ese tiempo cruel, estéril, trágico, en algo provechoso, útil para quienes estamos aquí y ahora, y para los que vendrán.

Nosotros, que sufrimos entonces y que estamos sufriendo ahora, les tendemos la mano a quienes nos consideran sus enemigos, y les proponemos trabajar juntos en el presente, por el pasado, para el futuro.

Pero que a nadie se le ocurra ver en este gesto un signo de claudicación o de debilidad. No es el débil sino el fuerte el que extiende sus brazos cuando arrecian los latigazos.

Porque nuestros presos y nuestros muertos nos hacen cada día más fuertes. Porque estamos al lado de los militares, los policías, los agentes del servicio penitenciario, la gente de prefectura y gendarmería y somos testigos de estas humillaciones, más la falta de equipamiento, el desánimo, la incomprensión, la persecución, el fomento del odio y de la desconsideración social.

Y lo más trágico, sin un futuro a la vista, mientras la nación sufre un aumento sin precedentes de la inseguridad fronteras afuera y fronteras adentro de su territorio. Nosotros no vamos a parar. Nosotros no podemos parar, porque somos herederos de quienes vivieron y murieron para que todos los argentinos vivamos como hombres libres. Porque no aceptamos ser esclavos ni toleramos que nadie, en nuestro país, sea tratado como tal. Porque luchamos por una argentina que viva unida, reconciliada, caminando hacia un objetivo común.

Por la libertad de los presos políticos.

Por la recuperación de la legalidad.

A todos los que sufren y a todos aquellos, que dieron la vida por nuestra argentina, les decimos que por ellos, la patria está viva. A quienes nos siguen agrediendo. A los magistrados cobardes que traicionan el derecho. A los dirigentes que no se atreven a realizar la gran empresa argentina, para todos ellos tenemos un mensaje que les transmitimos en palabras de dos hombres extraordinarios: el bravo soldado LUNA y el sargento CABRAL: “acá no se rinde nadie, carajo, viva la patria!!”

Un loable llamado a la concordia nacional del Grupo "Pacificación Nacional Definitiva" de fecha 24 de marzo de 2013
como parte de su objetivo de lograr "una Nueva Década en Paz y para Siempre"

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Domingo, 24 de marzo de 2013

DEMOS EL GRAN PASO HACIA LA CONCORDIA NACIONAL (*)

El Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia debería ser el día en el que se conmemora en Argentina a todas las muertes de civiles y uniformados, mujeres, niños y hombres producidas durante las últimas guerras revolucionaria y contrarrevolucionaria; que enlutaron a la Patria en las décadas de los 60 y 70.

Haciendo un poco de historia reciente, el 2 de agosto de 2002 el Congreso de la Nación Argentina dictó la ley 25.633 creando al Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia con el fin de conmemorar a las víctimas del accionar del estado en esos años, pero sin darle categoría de día no laborable. Tres años después, durante la gestión del presidente Néstor Kirchner, se impulsó desde el mismo Poder Ejecutivo Nacional que la fecha se convirtiera en un día no laborable, inamovible.

Sin querer ofender a nadie, sostenemos que esa ley es mezquina, no incluye a las Víctimas del Terrorismo y tampoco a las bajas que sufrieron las Fuerzas Armadas, de Seguridad, Policiales, Penitenciarias y otros Agentes de diversas reparticiones del estado, quienes cayeron en la feroz guerra fratricida.

El día de ayer la presidente sorprendió ayer con un giro en su discurso y abogó por el diálogo y por el entendimiento de “los 40 millones de argentinos”. El impactante cambio ocurrió durante un acto conmemorativo por los 37 años del último golpe militar. Fue en la Casa de la Memoria y la Vida, donde entre 1977 y 1978 funcionó uno de los centros detención de la última dictadura militar, la primer magistrada reclamó que los argentinos “nos entendamos de una vez por todas” y recalcó: “Lo que quiero es que no peleemos, que nos entendamos. Ahí está la clave.”

En otra parte de su sorprendente mensaje, dijo: “Sería fácil imaginar que quienes cometieron estos hechos fueron monstruos o seres extraterrestres, porque nos dejaría con la conciencia tranquila”. “Pero no –continuó–, los que han hecho estas cosas han sido hombres que cuando llegaban a sus casas dormían con su mujer, besaban a su hijo, acariciaban a su perro, comían en la mesa, y también iban a misa o a cualquier lado”. Y concluyó que “está en cada uno de nosotros hacer el esfuerzo personal para que en cada uno aflore únicamente lo bueno y lo mejor; que tengamos la fuerza suficiente para dejar de lado lo malo, lo feo, el odio”.

Pareciera que la presidente ha tomado conciencia que de la mano del Papa Francisco, ha llegado la hora de la paz, concordia, memoria, justicia e historias completas… bajo el imperio de la igualdad ante la ley.

Somos de opinión que los grandes pasos a dar en pos de esos nobles objetivos son justamente el reconocimiento, libertad y reparación histórica de todos los compatriotas que combatieron al terrorismo o cayeron como víctimas y bajas en la cruel contienda. Los otros ciudadanos que declararon la guerra revolucionaria ya recibieron todos esos beneficios… ahora debería darse el inmenso paso de la misericordia, amor y perdón para todos los combatientes por igual.

El día que se adopte esa decisión política e histórica debería ser declarado el verdadero y nuevo Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, para los 40 millones de argentinos y que sea realmente un día de serena y objetiva reflexión, para entonces nunca más repetir los errores del pasado.

Respetuosamente elevamos nuestra petición,


Pacificación Nacional Definitiva

Por una Nueva Década en Paz y para Siempre

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