Abril | 2013
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Justicia y Concordia

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Declaración de nuestra Asociación ante la persistencia del Gobierno en la degradación institucional del país, y particularmente de su Poder Judicial
Un lúcido análisis sobre la ignominiosa y sesgada posición de nuestra justicia
Su ideologizada visión de los años '70 y los "delitos de lesa humanidad"
Informe y denuncia sobre la muerte de los presos políticos en nuestras cárceles
Compilación de Claudia Becerra para "Justicia y Concordia"
Entrevista a Héctor Leis
Una propuesta para el análisis y superación de los años '70 como camino a la concordia nacional

Iustitia delenda est

Es fácil hablar claro
cuando no va a decirse toda la verdad

R. Tagore

Socios, amigos y colaboradores han requerido de esta Asociación un pronunciamiento sobre lo que este gobierno ruin se ha propuesto hacer con el Poder Judicial.

En verdad han abundado las notas, los artículos y las declaraciones que, en su mayor parte, han criticado con justificada alarma diversos aspectos del proyecto, tales como los referidos a la integración del Consejo de la Magistratura, la creación de cámaras de casación y la esterilización de las medidas cautelares.

Al respecto, pues, no parece que haya mucho más para decir. Si basta con una palabra, ¿para qué decir otra?

No obstante, “algunos hablan demasiado pero sin decirlo todo” (Quintiliano), olvidando que no hay que hablar mucho, sino decir la verdad. Toda la verdad.

Casi todos los que en estos días están hablando mucho y fuerte, presentan este plan de reforma (llamado de democratización) de la administración de justicia, como si se tratase de un golpe institucional, una maniobra que tiene tanto de ilegítima cuanto de sorpresiva. Nosotros decimos, sin embargo, que nadie tiene derecho a sentirse asombrado por lo que sucede,porque nada ha venido siendo más anunciado, nada menos inaudito o inesperado que este otro ataque a la República.

Lo que sí causa estupor, es que recién ahora vengan algunos a decir que se está poniendo en jaque a los jueces o a su independencia respecto de los otros poderes del Estado. Porque esto viene ocurriendo hace ya muchos años, con la complicidad abierta – por activa o por pasiva, lo mismo da - de extensas porciones de la sociedad civil, incluida buena parte de los jueces mismos, empezando por los que integran la Corte Suprema.

Nuestra Asociación de Abogados se constituyó tiempo atrás precisamente porque advirtió y denunció que los principios últimos y más básicos del derecho se estaban reemplazando por la ideología liberticida y anarquizante de los derechos humanos. Y señaló que ello se hacía con la participación necesaria de jueces prevaricadores, cuando no corruptos, sometidos a los designios perversos de unos gobernantes empeñados en la siembra de odio, venganza y discordia entre los argentinos, como método para la construcción de poder político.

Dijimos entonces y continuamos diciendo hasta hoy - sabiendo que iniciábamos un “fiero y desigual combate” -, que, a partir de ese momento,todos los habitantes de este suelo habíamos sido puestos en libertad condicional. Lo que está sucediendo, sumado a tantas calamidades ya consumadas, no ha hecho sino confirmar aquél anuncio.

Pero guías y dirigentes ciegos (esto es, peor que tuertos) se obstinaron en no ver ellos ni dejar ver a otros. Y aún ahora, también ellos envejecidos y tercos, siguen sin advertir de dónde venimos, lo que no les permite tampoco saber hacia dónde vamos.

Así,

  • Ø Aplaudieron la destitución de los ministros de la Suprema Corte, basada en las opiniones que habían emitido como jueces en algunas causas, para terminar aceptando su reemplazo por una nueva mayoría automática.
  • Ø Celebraron la introducción por vía judicial de un artilugio para modificar ilícitamente la Constitución nacional y otras leyes fundamentales, asignando preeminencia a los tratados y convenios internacionales.
  • Ø Consintieron el máximo absurdo jurídico que se puede concebir, como fue la anulación por el Congreso de leyes que él mismo había sancionado y los jueces habían convalidado.
  • Ø Aceptaron la derogación por la Suprema Corte de los principios de legalidad, irretroactividad de la ley penal, aplicación de la ley penal más benigna, inviolabilidad de los derechos adquiridos y de cosa juzgada.
  • Ø Para que fuera posible lo anterior, admitieron que se violara la prohibición de la interpretación analógica de la ley penal contra el imputado y aceptaron la invocación dogmática de la costumbre internacional como sucedáneo de la ley penal escrita, sin probar esa costumbre y atribuyéndole fuerza imperativa (jus cogens).
  • Ø Contribuyeron además al montaje de una justicia federal prevaricadora, enteramente consagrada a juzgar y condenar a ancianos en procesos plagados de vicios y fraudes, mientras hacían abandono de su deber de investigar, perseguir y castigar los delitos de corrupción en el Estado, tráfico de drogas y violación de las fronteras de la nación.
  • Ø Consintieron que se quitasen al Congreso de la Nación y al Poder Ejecutivo los dos instrumentos que la Constitución les otorga para hacer posible la concordia y cumplir el mandato de “consolidar la paz interior”, encogiéndose de hombros cuando esos jueces, siempre dóciles al poder político, revisaron e invalidaron los indultos y las dos leyes de amnistía dictadas por el Parlamento. Y sólo en perjuicio de una determinada categoría de presos.
  • Ø Toleraron (algunos llegaron a la justificación y hasta la premiación) la acción de un juez de la Corte orientada al alquiler de inmuebles de su propiedad como prostíbulos.
  • Ø Convalidaron la designación de jueces abolicionistas del derecho penal, gravemente responsables de la más grave expansión de la criminalidad impune en todo el país.
  • Ø Avalaron a jueces expertos en absolver de culpa y cargo a gobernantes y funcionarios tan corruptos como aquellos.
  • Ø Consintieron la puesta en marcha de un plan de exterminio de una determinada categoría de personas, haciendo reaparecer enla República la infame categoría de los presos políticos, en número creciente (hoy son más de 1.400), como también crece el número de los que mueren en cautiverio, sin haber sido condenados (casi 200 a la fecha).
  • Ø Optaron por mirar hacia otro lado cuando se produjo elagravamiento de las condiciones carcelarias para procesados y condenados, generalmente de edad avanzada.
  • Ø Aceptaron la instauración, a través de fallos dictados por la Corte, de una suerte de derecho de dos velocidades, donde las garantías básicas contenidas en la Constitución, valen para unos y resultan absolutamente ineficaces para otros.
  • Ø Callaron, en fin, cuando el Presidente de la Corte dijo públicamente que “no habrá marcha atrás en los juicios de derechos humanos” y que el avance de estas causas no es sólo el resultado de una decisión política, sino del involucramiento de los tres poderes, en especial del Poder Judicial, en lo que el mismo llamó “política de estado”. Desborde que, no sólo conllevaba un grosero prejuzgamiento, sino que puso en evidencia que en la Argentina se ha suprimido el equilibrio y control republicanos y que la legalidad ha sido sustituida por una difusa y amañada “política de derechos humanos”.

Con lo anterior no se agota la larga lista de atentados contra la justicia y el derecho en la Argentina, pero debiera alcanzar para que se empiece a reconocer cuál es la causa de que estemos a las puertas de la colonización completa del Poder Judicial. A menos que, como se ha venido haciendo, continuemos los argentinos levantando monumentos a los principios y cadalsos para sus consecuencias.

Sepan los guías y dirigentes ciegos, sepa también el pueblo que se deja conducir por ellos, que las consecuencias de esta empresa de demolición de la justicia – sufrida hoy por millones de compatriotas – generan desequilibrios cuyos efectos todavía no hemos padecido en toda su magnitud. Cuando una nación elige vivir mirando hacia atrás mientras se le roba el presente, fatalmente habrá de darse de bruces contra lo que viene por delante.

Por eso los Abogados por la Justicia y la Concordia, cuando decidimos hablar, no buscamos nuestra propia conveniencia, ni votos, ni la consagración de intereses mezquinos. Diremos siempre la verdad; pero toda la verdad.

Si se tiene miedo o vergüenza de decir algo, es mejor callar, que decirlo a medias.


Buenos Aires, abril de 2013.

La Comisión Directiva y la Mesa Chica

Alberto Solanet – Gerardo Palacios Hardy – Mariano Gradín – Oscar Vigliani – Eduardo Bieule – Juan Pablo Chevallier Boutell – Rafael Algorta – Carlos Bosch – Ricardo Saint Jean – Fernando Goldaracena – Emilio Hardoy – Fernando Esteva – Ernesto García González

Un lúcido análisis sobre la ignominiosa y sesgada posición de nuestra justicia
Su ideologizada visión de los años '70 y los "delitos de lesa humanidad"

Una “justicia” de “lesa humanidad”
por Mauricio ORTIN en "EL TRIBUNO" de Salta - 04.04.13(*)

Supóngase que en la Argentina, durante la década del 70, un civil alzado en armas contra el Gobierno constitucional hubiera obtenido una bomba atómica y logrado detonarla en la ciudad de Córdoba, arrasándola. En tal caso, para el Estado argentino, el genocida en cuestión hubiera cometido un delito común y no de “lesa humanidad” y, por ende, dado el tiempo transcurrido, la causa penal habría prescripto. Por lo cual, este hipotético señor hoy estaría disfrutando de su libertad y, seguramente, militando por los derechos humanos que negaba a otros. Repárese también en otro hecho que no se encasilla en la dicha calificación de “lesa humanidad”: el ataque con bomba tipo “vietnamita” a la Superintendencia de Seguridad Federal de la ciudad de Buenos Aires, ocurrido el 2 de julio de 1976, en el que murieron 23 personas y unas 60 resultaron heridas.

Compáreselo con (en este caso sí caratulado por la Justicia) el delito “de lesa humanidad”, supuestamente cometido por el señor Pedro Blaquier y el señor Alberto Lemos dueño y exadministrador del Ingenio Ledesma, respectivamente, por prestar tres camionetas e instalaciones al Ejército Argentino; bienes, estos últimos, que fueron usados para reprimir en “la noche del apagón”.

Confrónteselos con el también delito de “lesa humanidad” (según los jueces) por no denunciar un centro clandestino de detención, perpetrado, supuestamente, por el Dr. Juan Aleman; el cual, siendo funcionario del gobierno de facto, habría visitado al detenido que quiso asesinarlo horas antes, para preguntarle las razones de tal intento. Ni Blaquier, ni Lemos eran funcionarios del Estado. En cuanto al Dr. Aleman, ¿a quién se supone que debía presentar la denuncia? ¿A Zaffaroni, el hoy juez kirchnerista que en la dictadura negaba los derechos del hábeas corpus a los desaparecidos?

A ninguno de estos tres se los acusó por autoría intelectual o material de homicidio alguno. Sin embargo, pasadas ya tres décadas de los delitos supuestamente cometidos, estos no prescriben. Se podría discutir si estos u otros deben o no prescribir con el tiempo.

Lo que, entiendo, no debiera admitir controversia alguna es la apreciación de que asesinar a lo terrorista, colocando bombas en lugares públicos, es mucho más atroz e infame que no denunciar centros clandestinos, prestar vehículos, o mirar para otro lado.

Que la Justicia argentina no lo entienda así es un ignominioso escándalo; sólo superado por el elocuente silencio que al respecto se manifiesta en las facultades de Derecho, las iglesias, los colegios de magistrados, los partidos políticos, la prensa y, en general, la ciudadanía. El sentido de lo que debe ser la Justicia, en la Argentina, se ha convertido en un engendro irreconocible.

Otro ejemplo ilustrativo es la acusación de “lesa humanidad” que se le endilga al papa Francisco. ¿Cómo se puede entender, sino, que Horacio Verbitsky, exjefe de inteligencia de Montoneros, acusado como responsable del homicidio de veintitrés personas por la bomba colocada en la Superintendencia de la Policía Federal, al mismo tiempo que solicita se lo beneficie con la prescripción (concedida) de tan monstruoso e inhumano crimen, tenga el descaro de solicitar la no prescripción de una causa que pretende iniciar contra Bergoglio porque, supuestamente, éste último señaló a dos curas villeros que fueron secuestrados y luego liberados? ¿Eso es justicia, señores jueces? ¿Será que, para ustedes, matar policías es un delito menor y por eso está bien que prescriban? ¿Algo equivalente a matar perros, tal vez?

Prescripción para los que están en el poder y “lesa humanidad” para los que están fuera de él. La convalidación (tácita en la ciudadanía y expresa en los jueces) de semejante y brutal discriminación revela la relación inversamente proporcional según la siguiente ecuación: la prescripción es a los Verbitsky lo que la “lesa humanidad” es a los Blaquier (el papa Francisco se salvó por un pelo).



Informe y denuncia sobre la muerte de los presos políticos en nuestras cárceles
Su ideologizada visión de los años '70 y los "delitos de lesa humanidad"


Descargar Informe "Como se mata a los Presos Politicos en Argentina en 2013"
Compilación de Claudia Becerra para "Justicia y Concordia" (Archivo .pdf - 2 MB)

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Entrevista a Héctor Leis
Una propuesta para el análisis y superación de los años '70 como camino a la concordia nacional

La anhelada y necesaria concordia entre los argentinos exige superar las divisiones nacidas de un pasado reciente, y que son bien dolorosas por cierto. El perseverar en los enfrentamientos, por el contrario, será un valladar al mejoramiento y progreso del país.

Desde aquella perspectiva, cualquier propuesta debe ser bien recibida y analizada con un espíritu superador de la realidad actual. Es lo que ocurre con la particular visión que aporta Héctor Ricardo Leis y que, en buena medida, recoge la entrevista que le efectuó recientemente la periodista Astrid Pikielny. Por ello la traemos a colación.

Sólo a través de visiones desapasionadas del pasado apegadas a la verdad histórica, de propuestas como esta, y de muchas otras que deberán ser igualmente bienvenidas, será posible llegar a un diálogo donde encontrar un derrotero común hacia el futuro que nos espera y que, hasta ahora, la nación viene postergando. Es la concordia nacional que, aunque parezca ser cada vez más lejana y difícil, debemos perseverar en alcanzar.

Publicado en el Diario LA NACION el domingo 31 de marzo de 2013. Por Astrid Pikielny (*)

Entrevista con Héctor Leis (1):
"Para que el país supere las divisiones que hoy lo aquejan, es forzoso hacer la catarsis de los 70"

Hay, en el gesto de entrelazar las nociones de testimonio y testamento, una intención de esclarecimiento y entrega, pero también de acto final que busca restaurar la verdad, trascender la propia finitud y transmutar en legado. Así sucede con el nuevo ensayo de Héctor Leis Un testamento de los años 70. Terrorismo, política y verdad en la Argentina (Katz Editores), un escrito político y moral que estará en la calle esta semana y que interviene con voz propia en el debate sobre la memoria y la responsabilidad de las organizaciones guerrilleras en el escenario de sangre y violencia que marcó la historia de nuestro país.

Militante comunista y peronista, Leis participó de la lucha armada, fue combatiente de Montoneros hasta el final de 1976 y hoy desenmascara el relato que manipula, aviesamente, historia, memoria y verdad, cuestiona el concepto de "delito de lesa humanidad", asume la violencia y las muertes provocadas por las organizaciones guerrilleras y reclama -atravesado por las nociones de perdón y reconciliación- una lista única de víctimas y un único memorial en el que figuren todos los nombres de los muertos: los de la guerrilla, los de las Fuerzas Armadas y los que mató la Triple A. "Asumo públicamente y con pesar mi propia historia de guerrillero. No puedo arrepentirme por lo que hice porque lo hice queriendo y empujado por el espíritu de época. Pero sí pido perdón por el sufrimiento causado por mis acciones. Lo nuestro fue una locura que fue al encuentro de otra locura", escribe Leis desde Brasil, destino del exilio desde 1977. "En ese sentido entiendo la mal llamada «teoría de los dos demonios» expresada en el Nunca Más por Ernesto Sabato: los dos lados del conflicto de los años 70 fueron igualmente ciegos y locos.

Desde el punto de vista criminal y moral, hubo diferencias notables, pero no en el grado de locura, de atreverse a hacer lo impensado e imperdonable. Confesar y pedir perdón por mi participación en esa locura es mi contribución al futuro del país. Si existe algún legado sería el de instruir modestamente a las nuevas generaciones para que puedan mirarles de frente la cara a todos los actores de aquellos años sin caer en sus redes", agrega.

Aunque la participación de Leis en el debate por la memoria fue relativamente distante, desde hace un tiempo, afirma, lo asedia un sentido de urgencia y angustia frente al "uso sectario, político e ideológico de los muertos" y la construcción de un discurso faccioso por parte del kirchnerismo. "Siempre me pareció difícil este debate, pero nunca hubo un discurso tan hegemónico y perverso sobre aquellos años como ahora. La memoria es fundamentalista cuando el Estado no busca el consenso y asume una versión de los hechos como única, condenando a la sociedad a dividirse en torno de memorias opuestas. La peor violencia, la que más destruye el tejido social, es la impuesta por un Estado fundamentalista. De igual forma, la peor memoria, la que más destruye la comunidad política, es la impuesta por un Estado fundamentalista. Estados que en ambos casos pueden ser autoritarios o democráticos, no importa", sostiene.

A 37 años del 24 de marzo de 1976, Leis equipara en responsabilidades a militares y militantes, cuestiona la falta de autocrítica de la dirigencia de Montoneros y considera que La Cámpora es una copia mala y oportunista de la militancia de los 70. Profesor universitario con una maestría en Ciencia Política y doctorado en Filosofía, desde hace algunos años su militancia se asocia al Club Político Argentino.

-¿Por qué equipara en responsabilidades a quienes detentaron el poder del Estado y quienes ejercieron la violencia armada por fuera de él y desde la sociedad civil?

-Mi mirada no es la del jurista, que ingenuamente cree posible entender y operar la realidad a partir de las normas, sino la del filósofo político. En este sentido me preocupa más la trama de la historia y su sentido que los hechos aislados. El concepto de terrorismo de Estado, tal como es usado, es engañoso y sin valor teórico, y no ayuda a entender la dinámica de aquellos años. Si fuéramos a usar este concepto en sentido estricto podemos verificar que en la Argentina existió terrorismo de Estado desde el golpe de Onganía hasta la llegada de Alfonsín. Todos los gobiernos de ese período aplicaron una dosis mayor o menor de terrorismo de Estado, que siempre contó con la complicidad de las máximas autoridades. ¿O acaso se puede dudar de que los gobiernos de Cámpora, Lastiri, Perón e Isabel Perón no fomentaron y ampararon algún tipo de terrorismo desde el Estado, se llame formaciones especiales, Triple A, Operativo Independencia o cualquier otra cosa? En la Argentina hubo violaciones de los derechos humanos a lo largo de 17 años, de 1966 hasta 1983, en un crescendo que tendrá su apogeo con Videla. Esas violaciones fueron fruto de una dialéctica terrorista infernal entre actores con base en el Estado y la sociedad civil, que se alimentaban mutuamente y que perjudicaba a la nación como un todo.

-Pero, ¿por qué afirma que esos crímenes no constituyeron delitos de lesa humanidad?

-Es que esos crímenes hubieran sido contra la humanidad si el Estado argentino hubiera desparecido, pero el Estado no desapareció. En 1983 retornó el Estado de Derecho, que estaba en condiciones plenas de juzgar los crímenes habidos. El Estado existe o no existe. Si existe, los crímenes en su territorio y contra sus habitantes deberán ser juzgados, más tarde o más temprano, por ese Estado. Los crímenes contra poblaciones indefensas e inocentes, como sería el caso de un grupo nacional, étnico, racial o religioso que se encuentre fuera del amparo del Estado pueden ser considerados, sí, crímenes contra la humanidad. Por lo tanto, pretender que en la Argentina hubo crímenes contra la humanidad es, en mi opinión, un artificio jurídico que atenta contra nuestra soberanía y esconde que en los 70 hubo una lucha armada donde los militares defendieron, aunque de forma ilegal y demoníaca, la existencia del Estado como tal, contra la amenaza de su disolución por causa de esa guerra civil en curso y la casi total ausencia del gobierno. Por otro lado, las organizaciones guerrilleras, como ya lo habían probado, no luchaban en defensa de la Constitución Nacional, ya que en ese caso se hubieran autodisuelto en 1973 cuando llegó Cámpora al poder. Ellas luchaban por otro Estado y otra Constitución.

-¿El robo de bebes tampoco es un delito de lesa humanidad?

-El robo de bebes es uno de los pocos casos que, por la extrema indefensión e inocencia de las víctimas, encuentro buenos argumentos para tipificarlo así.

-¿Por qué nunca hubo una autocrítica pública de la conducción de Montoneros?

-El hecho más extraño de la Argentina contemporánea es el limbo en el cual permanecen los dirigentes de la conducción de Montoneros. Nadie les cobra nada, ni crímenes ni cuentas bancarias. Y cuando alguien se anima a hacerlo, ellos no responden. Se puede pensar dos cosas sobre ese silencio. La primera es que no saben qué decir porque todavía están tratando de entender lo que pasó. La segunda, que es la más probable, es que por el momento creen conveniente no decir nada. La conducción interna de Montoneros siempre tuvo un estilo centralista y militarista, a un grado tan o más alto que las FFAA. Después de todo, las FFAA no ejecutaban a sus miembros por motivos banales, como ocurrió algunas veces con Montoneros. Esa dirigencia debe pensar que la historia habrá de reconocerle sus méritos algún día y hasta entonces mejor no abrir la boca, porque tampoco saben para dónde va la historia. Todo esto tampoco explica por qué los ex montoneros no les piden una explicación a sus ex comandantes. En cuanto a la conducción, continúa sin rendir cuentas del dinero que estaba en su poder, que no era poco.

-¿Qué similitudes y diferencias advierte entre aquella militancia y la actual, en algunos casos rentada y que ocupa puestos de poder? ¿Cuál es su opinión sobre La Cámpora?

-La militancia de los 60 y 70 fue tan heroica y altruista como voluntarista e ignorante de la realidad de las cosas. Primero fue víctima de la ideología, después de la metodología militarista-leninista-terrorista de sus organizaciones, y, por último, de Perón y los militares. Usamos ideas y métodos errados para combatir a todos al mismo tiempo. Pero fuimos originales, no reivindicamos la herencia de nadie, inventamos nuestros valores y nos sacrificamos por ellos. Las generaciones que nos siguieron son copias mal hechas de la nuestra. Adoptaron nuestra tradición de forma oportunista, desde el poder. No lucharon sino que fueron cooptados por los Kirchner. No existían antes de que ellos llegaran y fueron un invento del poder. No son ciegos, como fuimos nosotros, sino algo peor, son lacayos del poder del Estado. La Cámpora sería más coherente si se llamase "La Cayos". Su lealtad con el amo dura mientras esté en el poder.

-¿Cree que hay un uso mutuo de los derechos humanos tanto por parte del kirchnerismo como de las organizaciones de los derechos humanos?

-En algún momento los argentinos tendrán que preguntarse por qué toleran la instrumentación política de la actual memoria histórica de los años 70 hecha por algunas organizaciones de derechos humanos, como las Madres de Plaza de Mayo de Hebe Bonafini, y los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Existe, por supuesto, un uso mutuo por parte de actores de la sociedad civil y del Gobierno para glorificar y victimizar a la guerrilla de los 70 y culpabilizar absolutamente a los militares. Pretenden con eso legitimar su populismo de izquierda y sus aspiraciones de poder. Pero hay un uso de esa memoria que es peor todavía.

-¿En qué sentido peor?

-En el sentido de que esa memoria mentirosa y cínica es tolerada por la gran mayoría de la sociedad argentina porque le permite olvidar la verdad de aquellos años y, sobre todo, ocultar sus responsabilidades. La violencia y el terror practicado por los principales actores en conflicto de aquellos años fueron deseados de forma abierta o silenciosa por la mayoría. De todas las memorias posibles, la actual es la mejor para ocultar la verdad, ya que la culpa es únicamente de los militares. La sociedad argentina tiene miedo de abrir la caja de Pandora de su pasado: el rechazo que eventualmente les produce la mentira e instrumentación de la memoria histórica es infinitamente menor que el horror que les produciría confrontarse con su participación en ese pasado. Para que la Argentina supere las divisiones y enfrentamientos que hoy la aquejan es forzoso hacer la catarsis de los 70. La memoria actual es mentirosa porque es anticatártica. Es el alter ego de la sociedad argentina que prefiere la mentira a descubrir sus responsabilidades, tanto con la violencia de la guerrilla como de la dictadura, y de las consecuencias de ambas. Y digo sociedad argentina porque aún muchos de aquellos que padecieron la locura de la época permaneciendo neutrales, hoy también callan, esperando que la verdad sea producida por otros. ¿Por quiénes?

-¿Cuán necesarios son los muertos para alimentar una épica en el kirchnerismo?

-En esto debemos aliviar la culpa del kirchnerismo. El culto a los muertos es parte del ser nacional y Gardel es un ejemplo. Pero el uso político de ese culto es obra del peronismo y comenzó con la muerte de Eva Perón, a quien Perón declaró santa y le decretó un feriado. Es evidente que el actual gobierno pretendió legitimarse también sobre la figura de los muertos y desaparecidos víctimas de la dictadura militar, a los cuales agregó más recientemente a Néstor Kirchner. La cosa salió bien al comienzo, pero recientemente los familiares y amigos de los muertos en Once le mostraron a la Presidenta que el uso que podía hacer de la muerte de su marido era limitado. Puede ser una buena señal, indicando que los argentinos se están cansando del uso sectario, político e ideológico de los muertos. Es la señal que la sociedad argentina precisa para comenzar la tarea de actualización de la memoria histórica de los 70, aproximándola lo más posible a la verdad. Respetemos por igual a todas las víctimas de aquellos años y dejemos que los muertos entierren a sus muertos porque nadie sabe lo que pensarían hoy si estuvieran vivos.

-En ese sentido usted reclama una lista única de víctimas en la que figuren todos los nombres de los muertos y desaparecidos: los que mató la guerrilla, las FF.AA. y la Triple A. ¿Cree que algún día será posible?

-Creo que sí. De no serlo, esos nombres se perderán en la neblina de la historia. Mi propuesta apunta a salvarlos para que contribuyan a salvar el futuro de los argentinos. Si continúa la exclusión de unos u otros, los resentimientos del pasado continuarán alimentando el presente, generando nuevas listas de muertos en el futuro. La Argentina tiene que poner un fin a sus ciclos recurrentes de guerra civil. Tal como están hoy las cosas la guerra civil no es manifiesta, pero los instintos y odios que la alimentan continúan latentes.

-¿Qué les diría a los compañeros de militancia que sostienen que estas posiciones suyas, en lugar de avanzar en un proceso de sinceramiento y reconciliación podrían "hacerle el juego a la derecha"?

-Presumo que te referís como compañeros de militancia a los miembros de mi generación del 60, junto con los cuales quise hacer la revolución por la vía de las armas. Si fuesen ellos, les diría que están equivocados y que quien hace esa crítica decidió ser leal al peor de sus pasados, no al mejor. Decidió apegarse a los errores del pasado para defender su participación en la historia, en vez de mirar de frente a la verdad, pensando en el futuro de la nación. Diciendo la verdad sobre los años 70 no se le hace el juego a nadie, especialmente cuando en ese pasado no hubo héroes, ni vencedores, sino que fuimos todos víctimas y victimarios recíprocos. En los 60 y 70 nosotros creíamos que la verdad era revolucionaria y luchábamos contra las mentiras del poder. Cómo podría entonces hacerle el juego a la derecha si la memoria oficial, tal como aparece consagrada en los "museos" impulsados por algunas organizaciones de derechos humanos y la secretaria de Derechos Humanos del Gobierno, es mentirosa porque oculta una parte importante de los hechos. Todos lo sabemos. Yo les preguntaría a mis compañeros por qué se callan, por qué le hacen el juego a la mentira. Por otra parte, en la Argentina es imposible hacerle el juego a la derecha -o a la izquierda- si no aclaramos de quién estamos hablando. Desgraciadamente, en nuestro país existen derechas e izquierdas tan autoritarias unas como las otras, y no me une ninguna lealtad con ellas. Les preguntaría a los ex compañeros que me critican si ellos defienden todavía las muertes y el terror que provocamos durante un régimen democrático con gobiernos peronistas. Les preguntaría si ellos repetirían lo mismo otra vez.

¿Y si le responden que sí?

-Si ellos me responden que sí, mucho me honran con sus acusaciones. Ellos están del lado de las dictaduras y las mentiras, y hoy mi única lealtad es con la democracia y el Estado de Derecho.


MANO A MANO

Calidez en un largo intercambio epistolar

Nunca nos cruzamos en el Club de Cultura Socialista, ámbito de intensos debates intelectuales durante la primavera alfonsinista y que yo frecuenté en mis épocas de estudiante de Ciencia Política. Leis había dejado su exilio brasileño y volvía a la Argentina en 1984 para reencontrar afectos y discutir críticamente el pasado. "Tenía que volver al lugar del crimen. En el exilio yo me había distanciado tanto de mi pasado que no me reconocía. A veces me parecía que era otro el que había vivido mis experiencias. Volví para discutir críticamente mi pasado, pero no encontré recepción. Los cinco años que estuve en la Argentina fueron intensos, fui profesor en las universidades de Buenos Aires y de Rosario y conviví con el maravilloso grupo humano del Club de Cultura Socialista. Pero lo que sería un retorno definitivo a la Argentina en 1984, se transformó cinco años más tarde en un retorno definitivo a Brasil. Nunca dejé de ser argentino, pero a la distancia", escribe Leis a través del correo electrónico, en un intercambio epistolar que tuvo varias etapas, todas ellas marcadas por su enorme calidez y la confianza prodigada hacia alguien a que nunca conoció personalmente.


UN FUTURO POSIBLE, SEGÚN LEIS

¿Cuál cree que será el impacto del papa Francisco en la vida de los argentinos?

-Es difícil hablar del papa Francisco para los argentinos, un pueblo mental y emocionalmente saturado por políticas e ideologías del pasado. En ningún país del mundo ocurre que cuando se recibe la noticia de la elección de un papa connacional no surja inmediatamente una alegría y emoción unánime. Las críticas mezquinas hechas a la elección de Bergoglio muestran, una vez más, que la Argentina es un país dividido por resentimientos originados en el pasado. Si Francisco continuase la obra de Bergoglio, ciertamente el Vaticano comenzará una nueva etapa. Su acción será espiritual y pastoral sin distinción de identidades políticas o ideológicas. Su compromiso será con los pobres y los necesitados. Su mensaje será de amor, reconciliación y fraternidad. Mi impresión es que un papado con esas características tendrá una gran contribución en América latina y en el mundo. Pero tengo mis dudas de que eso valga para la Argentina. Mi esperanza es que Francisco nos ayude a abrir nuestros corazones y mentes al amor, la verdad y la reconciliación con nuestro pasado que tanto precisamos. Pero sin un acto de contrición de nuestra parte, eso no será posible.


(*) http://www.lanacion.com.ar/1568250-hector-leis-para-que-el-pais-supere-las-divisiones-que-hoy-lo-aquejan-es-forzoso-hacer-la-catarsis-de-los-70

(1) Politólogo y doctor en filosofía, este ex montonero hoy distanciado de la militancia critica el "uso sectario, político e ideológico de los muertos" y pide poner fin a los "ciclos recurrentes de guerra civil"

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