Mayo | 2012
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Mons. H. Aguer, una voz de alerta, ante el intento de destruir la familia y la vida humana en el Proyecto de reforma al Código Civil liderado por Ricardo Lorenzetti.
Presentación del libro "Lesa Humanidad" de Enrique Diaz Araujo en la Feria del Libro - Discurso de nuestro Vice-Presidente, Dr. Gerardo Palacios Hardy.
Discurso de Aurelio Garcia Elorrio en la Legislatura de Córdoba. Rescate y valor de la verdad histórica.
Informe oficial referido a los juicios por derechos humanos (Ministerio Público Fiscal)

Mons. H. Aguer, una voz de alerta, ante el intento de destruir la familia y la vida humana en el Proyecto de reforma al Código Civil liderado por Ricardo Lorenzetti.

En el programa “Claves para un Mundo Mejor”, que se emite por América TV, Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata , reflexionó sobre algunos puntos fundamentales del “Anteproyecto de Reforma del Código Civil“ (1)

A continuación el texto completo de la alocución televisiva de Mons. Héctor Aguer:

“Hace un par de semanas fue presentado el anteproyecto de reforma del Código Civil de la Nación, un volumen de 793 páginas. La noticia no tuvo una repercusión popular muy amplia, como tuvieron otros anuncios recientes, y, sin embargo, aquí se juega, de algún modo, el futuro de la sociedad argentina y su estructura fundamental”.

“He tomado alguno de los temas de este anteproyecto que me parecen fundamentales, que implican alteraciones muy graves contra la constitución de la familia y la dignidad de la vida humana”.

“Comencemos por lo que se refiere a la vida, el inicio de la vida. El anteproyecto modifica la redacción actual del Código Civil y establece lo siguiente: “La existencia de la persona humana comienza con la concepción en el cuerpo de la mujer o la implantación en ella del embrión formado mediante técnicas de reproducción humana asistida”.

Se establece en ese texto una diferencia injustificable desde el punto de vista científico; se reconoce como persona humana desde el momento de la concepción aquella que es engendrada en el cuerpo de la mujer, pero no la que inicia su trayecto vital en una probeta. Ésta sólo sería persona a partir de su implantación en el seno que la reciba.

“Quiere decir que con los embriones que son el resultado de un proceso que en el anteproyecto se llama reproducción humana asistida, y que mejor debiera llamarse procreación artificial, se puede hacer cualquier cosa. Los embriones no implantados no son reconocidos como seres humanos. Esta aberración tendrá consecuencias gravísimas, que ustedes pueden imaginar”.

“Otra alteración del orden natural, en la misma línea: se legaliza lo que se llama alquiler de vientres, o la maternidad subrogada. Con esta disposición se altera completamente la situación que corresponde a la concepción y nacimiento de un nuevo ser humano. La aprobación de las técnicas de procreación artificial legalizan la gestación por sustitución, con lo cual se introduce la confusión en la realidad entrañable de la maternidad ¿a quién deberá reconocer por madre el niño que es fruto de tal experimento?”.

“El mismo juicio negativo debemos pronunciar a la confirmación de una práctica que se viene realizando y que ha sido autorizada por ley de las técnicas de procreación artificial; el Código incluirá la donación de gametos. ¿Qué quedará de la identidad biológica del ser humano? Todo niño tiene derecho a saber quién es su padre y quién es su madre, también en el orden biológico. Pero aquí se abre la posibilidad de eliminación de embriones por distintos motivos, por ejemplo porque se presupone que van a tener alguna discapacidad que lo limite. O se los congelará, o se los podrá descartar si se considera que sobran. Esto es gravísimo, es una manipulación intolerable de las fuentes de la vida. Otra aberración es permitir la inseminación post mortem”.

“También se legaliza lo que se llama homoparentalidad. Quiere decir que un niño podrá tener dos papás o dos mamás. Esto es una consecuencia de esa ley inicua que, el año pasado, alteró la naturaleza misma del matrimonio”.

“Respecto de la familia hay también cosas lamentables. Por ejemplo, la eliminación del deber de fidelidad en el matrimonio, que es un elemento fundamental; ya no será un deber guardar fidelidad y, consiguientemente, entonces, ya no habrá atribución de culpa en el caso de adulterio.”.

“Por otra parte, en el anteproyecto se banaliza además del matrimonio, el divorcio, que pasa a ser lo que se llama ‘divorcio express’. El trámite va a durar una semana. En una semana se podrá liquidar la realidad del matrimonio”.

“Se crean las figuras de ‘uniones convivenciales’ para las parejas no casadas. Quiere decir que será lo mismo casarse que no casarse.”.

“Estas reformas no tienen por ahora una repercusión popular, pero las consecuencias a la larga serán tremendas sobre todo teniendo en cuenta que el Código Civil Argentino era un modelo de orden jurídico fundado en la naturaleza de las cosas. La obra de Dalmacio Vélez Sarsfield, además, fue prolongada y completada por tantos estudiosos, por famosos civilistas, que han honrado al Derecho Argentino”.

“Todo eso quedará arrumbado entre objetos sin interés, sin valor”.

“Aquí lo que se está proponiendo, es una nueva estructura de la sociedad argentina en sus realidades esenciales. ¡Y esto sí que es un problema serio y que tiene que ser objeto de debate!”.

“Es de esperar que haya, un debate serio en el Congreso de la Nación. Espero también que haya muchas consultas antes, a todas las instituciones de la sociedad que pueden opinar sobre esto. Hay mucha gente todavía que reconoce lo fundamental de la estructura social y el valor de la familia y la intangibilidad de la vida humana”.


(1) NOTIVIDA, Año XII, Nº 816, 22 de abril de 2012.

Presentación del libro "Lesa Humanidad" de Enrique Diaz Araujo en la Feria del Libro

Discurso de nuestro Vice-Presidente, Dr. Gerardo Palacios Hardy.

Feria del Libro - Abril 19, 2012

1. La Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia quiere agradecer al autor - Dr. Enrique Díaz Araujo - y a la editora - la Universidad Católica de La Plata - que haya sido elegida para presentar públicamente, por mi intermedio, el libro que lleva por título Lesa Humanidad.

Lleno está el mundo de esos camelos, que una acción persistente de propaganda va metiendo en las testas incultas y pajoleras del hombre contemporáneo, quien luego las utiliza con engolamiento en charlas de café, creyendo que dice mucho cuando en rigor no dice (ni sabe) nada.

2. Ahora bien, el libro de Enrique Díaz Araujo, con independencia de lo que pueda sugerir su título, no es un ensayo teórico-doctrinario sobre la noción de lesa humanidad y los supuestos delitos asociados a ella. Lo que el autor se ha propuesto es otra cosa, esto es, poner en evidencia cómo, bajo el paraguas de esas dos palabrejas, en la Argentina se proyectó y se viene ejecutando, con indiscutible eficacia, un plan de implacable e inmisericorde persecución política e ideológica, apenas disimulado bajo la apariencia de procesos judiciales que, por la omisión absoluta de justicia y reunir todas las características de una farsa, bien pueden compararse, sin exagerar, con los célebres Procesos de Moscú de 1936-1938, condenas a muerte incluidas.

¿Qué otra cosa puede decirse si se mantiene en infames prisiones a enfermos y ancianos, en las que ya han fallecido varias decenas de hombres?

3. Concurren tres circunstancias fundamentales para que de este libro pueda afirmarse no sólo que es muy recomendable y que merece tener éxito, sino también que, a la fecha, es la obra más importante y más completa con relación al tema. Ellas son que el autor es abogado, que además ha sido durante varios años funcionario y magistrado en la justicia penal de su provincia y que, como sabrosa frutilla del postre, es un notable historiador. Esto último, unido al conocimiento y experiencia jurídicas de Enrique Díaz Araujo, es lo que, a mi juicio, ha hecho posible que esta farsa de los llamados juicios de lesa humanidad pueda ser conocida por el gran público, sin someterlo a las arideces propias de lo jurídico ni al lenguaje tantas veces y sin ningún motivo incomprensible en que parecen complacerse muchos abogados.

4. El libro está dividido en tres secciones, tituladas “Las normas”, “La jurisprudencia nacional” y “Contexto” respectivamente.

La primera sección – “Las normas” – se inicia con un pedido de gracia del autor al lector, porque versando sobre las leyes – en sentido material – y los principios involucrados, sus textos podrían resultar “áridos, densos y tediosos” (son palabras del autor), aunque de mención necesaria para no caer en la superficialidad, habida cuenta que el libro con seguridad encenderá “la polémica con los voceros de los poderosos de turno”, también en palabras de Díaz Araujo.

No se puede dudar de que sin una explicación de la base jurídica comprometida es imposible llegar a comprender la barbaridad que se ha cometido en la Argentina. Pero ya verán ustedes que don Enrique exagera, porque la agilidad de su pluma, el oficio de historiador y la falta de solemnidad que lo caracterizan, hacen que la lectura de esta sección – que además es la de menor extensión – resulte de fácil y rápida comprensión.

La segunda sección – “La jurisprudencia nacional” – constituye la médula de esta obra indispensable, porque allí están explicadas las aberraciones cometidas por la gran mayoría de los jueces que han llevado adelante estos juicios de la infamia, partiendo de los integrantes de la Corte Suprema.

El lector podrá ver, casi palpar, cómo se fue elaborando esa jurisprudencia, hasta culminar en juicios y condenas que, gracias entre otros trabajos a este libro, quedarán en la historia – así lo esperamos – como ejemplos de prevaricación sistémica, consumada mediante el dictado de sentencias manifiestamente injustas, basadas en hechos y pruebas falsas, con denegación de justicia por violación de los principios más básicos del derecho e invocación de normas inexistentes o inaplicables.

Díaz Araujo, historiador al fin, comienza por explicar cómo se fue instalando el tema, tanto en los ambientes judiciales cuanto en la sociedad, para que gradualmente se fuera aceptando la posibilidad de privar de todo derecho a una determinada categoría de personas. Ello lo remonta a aquella teoría (tal vez habría que llamar categoría) del ‘mal absoluto’, inventada por Carlos Nino y que termina identificado con otro engendro incomprensible denominado ‘terrorismo de estado’.

Luis María Bandieri, que ha escrito un notable y breve ensayo sobre el asunto, dice con razón que el escrutinio de ese fundamento del fundamento revela indigencia filosófica e imposibilidad jurídica. Pero es sobre estas bases inconsistentes que se está recreando en los tribunales nuestra guerra civil, ahora convertida en juicio absoluto a quienes de antemano están condenados porque llevan consigo el sello de malvados absolutos. Las consecuencias en cuanto a la destrucción de la concordia resultan inconmensurables”[1]

En esta sección el lector encontrará claramente explicadas las tesis sentadas por la Corte Suprema en los casos conocidos como Lariz Iriondo, Arancibia Clavel, Simón y Mazzeo, a partir de los cuales se hizo tabla rasa en nuestro país con el principio de legalidad – aquél según el cual nadie puede ser penado sino en virtud de juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso – y se dejaron sin efecto los institutos de la prescripción y de aplicación de la ley penal más benigna, además de convalidarse el disparate o aberración cometida por el Congreso al declarar la nulidad de las leyes de amnistía dictadas durante la presidencia del Dr. Alfonsín.

Después de la lectura de esta sección del libro de Díaz Araujo, bastará con tener sentido común para advertir por qué desde Justicia y Concordia hemos denunciado reiteradamente que a partir de estos fallos todos los argentinos hemos sido puestos en libertad condicional. Como también para comprender que no ha sido por fanatismo o tremendismo que hemos dicho que esta Corte ha sido la peor que ha tenido la Argentina en toda su historia.

La tercera y última sección – “Contexto” – permite al autor describir el ambiente político en el que se planeó esta ruina completa del orden jurídico en la Argentina, que ha tenido como ejecutores a los propios jueces. Y el enfoque de Díaz Araujo no es teórico ni meramente declamatorio, sino que se vale de casos concretos, algunos emblemáticos, para mostrar cómo fueron juzgados – y se continuarán juzgando -, llevándose por delante las garantías básicas de unos hombres, cuyas condenas han sido decididas de antemano fuera de los tribunales. Cosa que estos jueces convalidarán obedientemente.

En esta sección el libro que presentamos ha de tenerse como una pieza fundamental para que en el futuro – ojalá cercano – se pueda destruir esta gran falsificación infligida por segunda vez a la historia patria. Falsedad curiosamente sostenida, promovida y ejecutada por quienes se presentan a sí mismos como adherentes al revisionismo histórico.

5. La lectura indispensable de este libro indica la conveniencia de integrarla con otras obras de Díaz Araujo. Pienso especialmente en los tres volúmenes publicados hasta ahora de otro libro suyo, La guerrilla en sus libros. Y lo hago porque al finalizarse con la lectura de Lesa Humanidad, la primera, casi obvia conclusión, es que la continuidad a través de los años que ha tenido este proceso, la secuencia de los hechos, incluso la similitud con los procesos que se están dando en otros países, muestran que aquí no hubo azar alguno, sino que se trató y se trata de un plan maestro, concebido y ejecutado con fría precisión.

Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de ese plan? ¿Qué se pretende obtener?

Hay quienes dicen que se trata de la ejecución de una venganza. Es posible, pero sólo en parte. El deseo de venganza no alcanza para explicar este empeño por destruir el orden jurídico en sus cimientos, que va unido a un accionar igualmente mortífero sobre la tradición, la familia, la educación y las sanas costumbres argentinas.

6. No es posible abordar en esta oportunidad este grave asunto. Apunto nada más que lo que ocurre en la Argentina ha sido montado sobre un tinglado que se llama derechos humanos. Y que éstos, tal como vienen definidos desde el gobierno y sus grandes amplificadores, encubren detrás de su nombre una ideología, la misma que cuarenta años atrás bañó a nuestra patria en sangre.

Un autor insospechado para los progresistas vernáculos e internacionales, como es Danilo Zolo, reconoce que: “El presupuesto filosófico-político de la doctrina de los derechos humanos, sostiene Ignatieff, es el individualismo político, y su contenido esencial es la protección de la ‘libertad negativa’, en el sentido que Isaiah Berlin atribuyó a esta noción en contraposición a la de ‘libertad positiva’ ”. Y agrega: “No hay duda de que el individualismo, como lo subrayó otr vez Bobbio, es la premisa filosófico-política general de la doctrina de los derechos humanos”[2]

He dicho en otra ocasión que hay dos objetivos detrás de la ideología de los derechos humanos: el primero, la esterilización o debilitamiento, hasta hacerlo de cumplimiento imposible, del derecho que tiene el Estado de enfrentar la amenaza terrorista o de la izquierda revolucionaria con métodos proporcionados a la gravedad del ataque; el segundo, la dominación de las naciones más débiles por las más poderosas. Las normas jurídicas, entonces, deben adaptarse al logro de ambos objetivos, infundiendo temor en quienes quieran o deban oponerse y debilitando a las naciones mediante la degradación o corrupción de su espíritu.

Por ello también es que hay sujetos que no merecen protección en el nuevo paradigma de los derechos humanos. Éstos, si es que tienen algún significado, fueron concebidos como un medio de protección de los hombres frente al poder del Estado. Pero en nuestro país sucede exactamente al contrario: el Estado, ocupado por los nuevos bárbaros, se vale de los derechos humanos para perseguir a una categoría de hombres, que son condenados en juicios inicuos, basados en hechos falsificados y sin posibilidad de defensa.

7. Ha dicho también Bandieri, en otro de sus lúcidos trabajos sobre este tema, que “...en situaciones de guerra civil, sólo las falacias de la propaganda pueden presentar a un bando como representante del bien y la inocencia y otorgarle al contrario el monopolio de la malignidad y la crueldad. [….] a través de la expresión ‘terrorismo de Estado’, queda en el campo un solo bando concentrador de la culpa, el bando demoníaco de los malvados”. Y más adelante agrega: “Se perpetúa así el karma de la mutua destrucción, ahora alegremente ante los tribunales, jueces de mente rebañega y sentencias armadas a fuerza de cortar y pegar, aplaudidos por el lobby de las únicas víctimas con status de tales (Madres, Abuelas, HIJOS), que han trasladado a designio la cuestión al plano moral y monopolizan la conciencia ética de la sociedad[3]

En sintonía con ello, debe entenderse por lo tanto que la judicialización que se ha hecho de la guerra de los ’70 no es sino la continuidad de la acción revolucionaria de izquierda por otros medios. Que esta vez nos previene, con estos juicios perversos, lo que espera a quienes decidan hacerle frente.

No es posible dudar, entonces. Otra vez se nos agravia, otra vez se nos desafía, otra vez se nos propone la guerra. Prueba de ello es el miedo que han sembrado. Sé de muchas personas que no han venido esta noche porque sienten temor. No las estoy criticando. Nada más intento probar que el diagnóstico es correcto.

Agradezcamos pues a Enrique Díaz Araujo por partida doble: por enseñarnos la verdad y por enseñarnos también a no sentir miedo por decirla.


Referencias.

[1] Luis María BANDIERI, Juicio al juicio absoluto (A propósito de ‘Juicio al Mal Absoluto’ de Carlos Nino, en www.elpartedeltorrero.blogspot.com.ar)

[2] Danilo ZOLO, La justicia de los vencedores (De Nuremberg a Bagdad), Madrid, Trotta, 2007, pág. 93.

[3] Luis María BANDIERI, Juicio al juicio absoluto (A propósito de ‘Juicio al Mal Absoluto’ de Carlos Nino y Memorias de un conde ruso o apuntes sobre el ‘terror legal’, en www.elpartedeltorrero.blogspot.com.ar (v.esp. 20-3-2007).

Discurso de Aurelio Garcia Elorrio en la Legislatura de Córdoba. Rescate y valor de la verdad histórica.

El Legislador Provincial Aurelio García Elorrio en sesiones legislativas del pasado sábado 24-03-12, en la ciudad de Córdoba, votó a favor de la Ley que contempla la creación de un Subsidio Honorífico denominado ”Reparación Provincial a Ex presos políticos de la Dictadura”, pero no apoyó que este beneficio se aplique a personas que hubieran tomado las armas entre el 25/05/73 y el 24/03/76, quienes produjeron centenares de ataques directos al sistema democrático y que tampoco se extienda este subsidio honorífico a personas que hubieran sido indemnizadas por el Gobierno Nacional.

Garcia Elorrio propugna una solución que, más allá de compartirse sus puntos de vista o no, contiene una visión realista de la tenebrosa historia argentina de parte de los años ’70. Es parte de la historia que en el actual relato oficial, se oculta perversamente. No sólo es Memoria, también es Historia.

Recomendamos ver la grabación, son 40 minutos bien invertidos.

Informe oficial referido a los juicios por derechos humanos (Ministerio Público Fiscal)


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