Diciembre | 2012
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Justicia y Concordia

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Declaración de Justicia y Concordia, "Otro Crimen Anunciado",
en relación a la sentencia del Tribunal Oral Federal nº 1 de La Plata de fecha 19 de diciembre de 2012
Declaración de los Sres. Obispos en su 104º Asamblea Plenaria,
y una Carta Abierta referida a ella.
Justicia y Concordia en San Miguel de Tucumán
Una expresiva carta de la hija de un preso político

Otro crimen anunciado

Primero fue el encarcelamiento y finalmente el homicidio (así lo calificó el perito en la causa, Dr. Mariano Castex) del Gral. Ibérico Saint Jean. Ahora, en el mismo juicio, prisión perpetua para – entre otros - el Dr. Jaime Smart (76), considerándolo responsable de la comisión de varios homicidios, torturas y otros delitos, nada más porque fue Ministro de Gobierno de la Pcia. de Buenos Aires en una etapa del llamado Proceso. Además, pedido de captura para otro civil, también funcionario de ese gobierno; se suma una orden de investigación respecto del diario La Nación; y la revocación por la Sala IV de la Cámara de Casación de la detención domiciliaria otorgada al Dr. Bernardo Menéndez (80), quien será confinado en una cárcel común.

Todo ello ocurrió en un solo día, confirmándose de nuevo lo que venimos gritando a voz en cuello hace ya tiempo: la farsa judicial montada no se detiene, sino que crece, llevándose puesta una cantidad cada vez más grande de argentinos, para los cuales no rigen garantía ni derecho algunos.

Es inútil que estos acusados y sus defensores invoquen principios, leyes y jurisprudencia. Mientras delincuentes de la peor calaña aterrorizan a la población con total impunidad, aquellos son tratados con saña y alevosía y se ven privados de la justicia más elemental. Lo que sucede es que esos hombres (y algunas mujeres) no son en verdad juzgados por delitos falsos o verdaderos, sino que son objeto de una venganza encendida por el odio.

Y lo más grave es que los brazos ejecutores de semejante crimen son nada menos que jueces corruptos, incursos en formas extremas de prevaricato y sometidos por cobardía o debilidades peores a los ideólogos que se creen dueños de la república.

A nuestra Asociación no la amilanan ni la desalientan estas aberraciones. Hemos nacido para luchar contra esta cosa infame (y no es la única) que se ha abatido sobre la patria. Y desde el comienzo sabíamos que sería un combate feroz y desigual.

Sepan los responsables de estas tinieblas que alguien está llevando cuenta de sus acciones. No los olvidaremos, y sus nombres quedarán grabados en la historia, para vergüenza y escarnio de sus descendientes, generación tras generación.

Sepan asimismo los argentinos de bien (pero que todavía piensan que esto que pasa no tiene que ver con ellos), que la gavilla adueñada (por ahora) de la Argentina no sólo va por todo; también viene por todos… nosotros.

Mariano Gradín | Alberto Solanet
Secretario | Presidente

Declaración de los Sres. Obispos en su 104º Asamblea Plenaria
y una Carta Abierta referida a ella.

"La fe en Jesucristo nos mueve a la verdad, la justicia y la paz"(*)

Muy apreciados hermanos y hermanas:

1. Como creyentes y pastores, queremos ser servidores de la reconciliación, en medio del pueblo argentino, y como parte de él. Estamos felices de haber recibido esta vocación. Reconocemos sin embargo nuestra limitación y pobreza, para una tarea tan amplia y exigente. Pero en este Año de la fe, renovamos nuestra confianza, “porque Cristo es nuestra paz” (Ef 2,14). Él ha restablecido la paz por la sangre de su cruz (cf Col 1,20).

2. La patria argentina ha vivido momentos difíciles y críticos, a lo largo de sus doscientos años de historia. Un tiempo especial de desencuentro y de enfrentamientos dolorosos, fue la década del 70. Han pasado muchos años y siguen surgiendo interrogantes acerca de los hechos ocurridos, y de la responsabilidad que tuvieron personas e instituciones. Al volver sobre aquellos hechos, es preciso tener en cuenta el contexto socio-político de la época, y los diversos actores que entonces intervinieron.

Algunas afirmaciones recientes, a partir de las declaraciones del ex-presidente “de facto” J. R. Videla, atribuyen a quienes entonces conducían el Episcopado, alguna complicidad con hechos delictivos. Como ha respondido el actual presidente de la Conferencia: que haya habido “una suerte de connivencia es totalmente alejado de la verdad de lo que hicieron los obispos involucrados en ese momento” [la presidencia del Episcopado] (La Nación 5/8/12).

3. Conocemos los sufrimientos y reclamos de la Iglesia, por tantos desaparecidos, torturados, ejecutados sin juicio, niños quitados a sus madres, a causa del terrorismo de Estado. Como también sabemos de la muerte y desolación, causada por la violencia guerrillera. No podemos ni queremos eludir la responsabilidad de avanzar en el conocimiento de esa verdad dolorosa y comprometedora para todos. A pesar de que la historia vivida no se deja desentrañar fácilmente, y tampoco la responsabilidad que cabe a cada persona, nos queda la preocupación por completar un estudio demorado pero necesario.

4. De nuestros hermanos mayores, los obispos que nos precedieron, hemos recibido su palabra y testimonio. Sobre su modo de actuar, volvemos con respeto, sin poder conocer a fondo cuánto supieron personalmente de lo que estaba sucediendo. Ellos intentaron hacer cuanto estaba a su alcance por el bien de todos, de acuerdo con su conciencia y juicio prudencial. Por eso mismo, aun deseando penetrar más en la verdad de los hechos y de las personas, consideramos conveniente recordar algunos párrafos de su enseñanza, que al repasarla aparece lúcida y oportuna. Reconocemos, además, que no todos los miembros de la Iglesia pensaron y actuaron con idénticos criterios.

5. De entre tantas declaraciones y publicaciones, ofrecemos algunos ejemplos: “Someter a una persona a la tortura para arrancarle informaciones o confesiones ... siempre es ilícito” (Declaración de la CEA, 16/3/72). “No será vano reiterar que para todo cristiano, no excluidos quienes ejercen autoridad, aún a costa de la eficacia inmediata, hoy como siempre y en toda circunstancia conserva su valor ético: el fin no justifica los medios” (Carta colectiva CEA, Reflexión cristiana para el pueblo de la Patria, 7/5/1977).

Unos años más tarde, el documento Iglesia y Comunidad Nacional (1981), condenó de varias maneras todo tipo de violencia. En síntesis: la lucha armada nunca es un camino legítimo para la búsqueda de logros sociales, por más buenos que parezcan. Por eso es reprobable la violencia ejercida por la guerrilla, que aún operando durante el gobierno democrático, atentó contra la vida de personas e instituciones. Pero menos aún puede legitimarse la violencia ejercida por el Estado, fuera de la ley, ni por grupos paramilitares. Es el Estado el responsable de tutelar los derechos de todos (cf ICN 33. 97. 133). Y en esa ocasión dijeron los obispos: “Porque se hace urgente la reconciliación argentina, queremos afirmar que ella se edifica sólo sobre la verdad, la justicia y la libertad, impregnadas en la misericordia y en el amor” (ICN 34).

6. En el año 2000, la celebración del gran Jubileo, fue una oportunidad importante e inspiradora, que motivó a la Iglesia a revisar su vida y a pedir perdón, como pocas instituciones lo hicieron. En aquella ocasión, imploramos la misericordia de Dios: “porque en diferentes momentos de nuestra historia, hemos sido indulgentes con posturas totalitarias, lesionando libertades democráticas, que brotan de la dignidad humana”; y también “porque con algunas acciones u omisiones hemos discriminado a muchos de nuestros hermanos, sin comprometernos suficientemente en la defensa de sus derechos” (Encuentro Eucarístico Nacional, Córdoba, septiembre del 2000).

7. Queremos estar cerca de cuantos sufren todavía por hechos no esclarecidos ni reparados. Cuando la justicia es demasiado largamente esperada, deja de ser justicia, y agrega dolor y escepticismo. Sabemos que en miles de familias hay heridas abiertas y angustiosas, por lo acontecido después del secuestro, detención o desaparición de un ser querido. Compartimos el dolor de todos ellos y reiteramos el pedido de perdón a quienes hayamos defraudado o no acompañado como debimos.

8. Nos sentimos comprometidos a promover un estudio más completo de esos acontecimientos, a fin de seguir buscando la verdad, en la certeza de que ella nos hará libres (cf Jn 8,32). Por ello nos estamos abocando a revisar todos los antecedentes a nuestro alcance. Asimismo alentamos a otros interesados e investigadores, a realizarlo en los ámbitos que corresponda. De nuestra parte, hemos colaborado con la justicia, cuando se nos solicitó información, de la cual podíamos disponer. Además, exhortamos a quienes tengan datos sobre el paradero de niños robados, o conozcan lugares de sepultura clandestina, que se reconozcan moralmente obligados a acudir a las autoridades pertinentes.

9. Seguimos comprometidos y empeñados en promover la fraternidad y la amistad social en el pueblo argentino, para lograr caminar juntos en la búsqueda del bien común. La reconciliación no es “borrón y cuenta nueva”, y menos impunidad. Es necesario: el empeño en la búsqueda de la verdad, el reconocimiento de cuanto sea deplorable, el arrepentimiento de quienes sean culpables, y la reparación en justicia de los daños causados (cf JUAN PABLO II, Jornada por la Paz 1997). También debemos reconocer que el perdón y la reconciliación son dones de un Dios, que nos hace hermanos.

10. En este Año de la fe, que estamos comenzando con la Iglesia en todo el mundo, y en el camino del Bicentenario de la Patria (2010-2016), renovamos nuestra vocación de servidores de todos, en especial de los que más sufren. La Virgen María, al pie de la cruz, experimentó el dolor por la muerte de su Hijo. A Ella le pedimos que abrace con ternura a cuantos esperan el consuelo de la verdad, la justicia y la paz.

Los obispos de la República Argentina

104º Asamblea Plenaria, 9 de noviembre de 2012


Carta abierta a los Obispos Católicos de la República Argentina

Se ajusta a verdad que: “La patria argentina ha vivido momentos difíciles y críticos, a lo largo de sus doscientos años de historia” (La fe en Jesucristo nos mueve a la verdad, la justicia y la paz .- 09-11-2012) y coincido que los años setenta del pasado siglo han quedado signado como otro más de los periodos de enfrentamientos trágicos que la Argentina vivió. A hoy, la diferencia con otras etapas ominosas de nuestra historia es meramente humana, estriba en que no nos ha sido contada. La hemos vivido y a muchos de los que fuimos actores de esa tragedia, activos o pasivos, nada de lo sucedido ha dejado de afectarnos y aún hoy nos sigue dividiendo y acongojando.

Ustedes, en tanto y cuanto pastores de rebaños díscolos, fueron actores y no precisamente de reparto. Ustedes saben bien como empezó todo, cuanta injusticia y dolor existía, cuantos profetas del odio manipularon conciencias desde y contra el Evangelio y como las consecuencias de estos desatinos siguen siendo utilizadas con fines espurios.

Es en función de esto que ante la publicación del mensaje de la Conferencia Episcopal del 09-11-2012, "La fe en Jesucristo nos mueve a la verdad, la justicia y la paz", me siento en la obligación como católico de escribir esta carta.

Detrás de las palabras que hay en este mensaje, que cualquiera podría suscribir, parecería que hoy solo los mueve el tratar de encontrar justificación a las acciones de sus predecesores en el Magisterio de la Iglesia Católica Argentina. Acciones que no necesitan ser justificadas, pues fueron vivencias de hombres que se hallaron en una situación que por su gravedad es diametralmente diferente a la que hoy ustedes viven y a las que solo Dios Nuestro Señor puede juzgar.

Pero si bien es loable tratar de rescatar la buena fe de quienes los precedieron en el Magisterio en momentos dolorosos de la vida argentina ni una palabra hemos escuchados de ustedes sobre otros pastores que tuvieron la enorme responsabilidad- a partir de una, queremos creer, alterada visión del Evangelio- de llevar a muchos jóvenes por el camino de la violencia que desembocó fatalmente en una guerra fratricida.

Esto también tiene que ver con las medias verdades que impiden la reconciliación entre argentinos.

En su mensaje dicen ustedes, los Obispos, y por ende pastores de todos los católicos que, “Como creyentes y pastores, queremos ser servidores de la reconciliación, en medio del pueblo argentino, y como parte de él”. Feliz concepto que prosperaría si ustedes realmente creyeran que solo es posible la reconciliación si como base de ella primara la verdad total como referencia de lo sucedido y no medias verdades que es lo que la “historia oficial” ha tratado de meter en la cabeza de los argentinos desde hace treinta años.

Es cierto que nuestra Patria sufrió- como decimos en el primer párrafo- momentos más que dolorosos en los años setenta. Pero también es cierto que hoy se utilizan esos crueles momentos para seguir profundizando una división que los argentinos no nos merecemos y frente a este enfrentamiento que cada día crece no hemos escuchado de ustedes, nuestros pastores, el valor de la verdad entera. Piden ustedes por hipotéticas tumbas ignoradas o hacen conjeturas sobre niños robados treinta años atrás pero si bien se hace mención a la violencia guerrillera, parece que lo más importante a condenar es la represión, muchas veces absurda, que siguió a los crímenes cometidos por la guerrilla y utilizan en su mensaje términos usados y abusados por aquellos que han descubierto que la mejor venganza es aquella que se puede disfrazar de justicia.

Dicen ustedes en un párrafo del mensaje: “Además, exhortamos a quienes tengan datos sobre el paradero de niños robados, o conozcan lugares de sepultura clandestina, que se reconozcan moralmente obligados a acudir a las autoridades pertinentes.”. Esto es, Monseñores, cuanto menos hablar con ligereza. Nadie discute que hubo niños que fueron secuestrados por algunos “iluminados” que creían que estos debían tener una educación mejor que la que habían recibido de sus padres pero ustedes saben muy bien que la mayor parte de los niños, hoy hombres y mujeres, que faltan en las familias de sangre no fueron robados sino que sus padres, muchos de ellos caídos en enfrentamientos tenían documentos falsos dado el carácter clandestino de la guerra que llevaban a cabo y son ustedes testigos, en especial por el sacramento de la confesión, de los esfuerzos llevados a cabo por militares y policías en busca de los familiares de estos huérfanos a los que ni siquiera se les conocía el nombre.

Al hablar de esta manera- “bebes robados” como si esto fuera la generalidad de lo sucedido- flaco favor le hacen a la reconciliación que ustedes dicen querer para el pueblo argentino. Favor tan flaco como callar concretamente algo que ustedes, los integrantes de la Conferencia Episcopal, saben muy bien desde hace tiempo y es que el presunto Obispo mártir no fue asesinado como desde hace años- para manchar a la Iglesia y a las Fuerzas Armadas algunos autodenominados católicos tratan de hacernos creer- sino que su muerte se debió un mero accidente. Y sin embargo ustedes callan, aún cuando saben que hay gente que será condenada por esto.

Es este, su mensaje, Eminencias, un compendio de bellas frases. Pero, ¿Cumplen ustedes con lo que dicen?. Solo cabe preguntarse esto respecto del párrafo del Encuentro Eucarístico Nacional, Córdoba de septiembre del 2000, que ustedes citan en este mensaje como una verdad cardinal: “porque con algunas acciones u omisiones hemos discriminado a muchos de nuestros hermanos, sin comprometernos suficientemente en la defensa de sus derechos” hermosa frase que nada nos dice, casi puesta en el mensaje como un recordatorio de agenda sin mayor valor, porque hoy están haciendo exactamente lo mismo- “sin comprometernos suficientemente en la defensa de sus derechos”- con los mil noventa y cinco militares, marinos, policías, gendarmes y civiles presos a los cuales no se les reconoce ninguno de los derechos que la Constitución Nacional prevé para los acusados de presuntos ilícitos y que, para ser juzgado ha sido la Constitución alevemente vulnerada.

Nunca he escuchado una palabra de la Jerarquía Católica referida a las condiciones en que estos presos políticos se encuentran, donde muchos de ellos sin estar siquiera procesados llevan años presos, y donde ya ciento noventa y siete de ellos han muerto en tristes condiciones de abandono de persona.

A poco de ver, y esto ustedes lo saben muy bien, todo este infame entramado judicial se ha convertido en un circo trágico que pesará en las conciencias de aquellos que han elegido callar. Y también abandonar sus ovejas.

JOSE LUIS MILIA

josemilia_686@hotmail.com

Justicia y Concordia en San Miguel de Tucumán

Días pasados tuvo lugar, en San Miguel de Tucumán, una nueva etapa en la farsa judicial montada bajo el rótulo de “los derechos humanos”.

Nuestra Asociación estuvo presente allí por intermedio de los Dres. Mariano S. Gradin, Eduardo Bieule, Oscar Vigliani y Ernesto García González, quienes desarrollaron una intensa actividad, reuniéndose con autoridades judiciales y eclesiásticas, visitando a los Presos Políticos en sus inicuos encierros en la Cárcel de Villa Urquiza, y dando una conferencia que contó con una nutrida asistencia. Todo ello fue recogido por la presenta local a través de un brillante artículo de la periodista Luz García Hamilton (*)

En esa Conferencia se dio lectura al siguiente:


Discurso

Buenas noches …

La visita de la Asociación de Abogados para la Justicia y la Concordia a Tucumán tiene un doble objetivo.

El primero, obviamente, es manifestar su apoyo a los señores militares que, por el sólo hecho de serlo y, como tales, haber cumplido las órdenes legales y legítimas emanadas del Poder Ejecutivo Nacional, hoy se encuentran sometidos a proceso, en un marco institucional destruido por el odio y la venganza. Estos señores militares estuvieron, en 1975 y 1976, defendiendo y venciendo en la lucha que toda la Nación emprendió contra quienes, mediante las armas, pretendieron convertir a esta Provincia en un Estado y, a partir de ello, obtener el reconocimiento internacional como parte beligerante en una guerra cuya existencia ahora se pretende negar.

El segundo objetivo, instrumentado a través de las diferentes entrevistas que hemos mantenido en el día de hoy y que continuarán mañana, es llevar a conocimiento de la Iglesia, de las asociaciones de profesionales del Derecho, y de las autoridades políticas el significado real de estos inicuos procesos, en tanto los mismos subvierten toda la estructura de derechos y garantías que regía en nuestro país, sin la cual resulta imposible la convivencia social. Para llevarlos adelante se han dejado caer, como si fueran frutas inservibles, los principios más elementales de cualquier sociedad civilizada que se precie de tal; me refiero a la presunción de inocencia, a la irretroactividad de la ley, al juzgamiento por los jueces naturales, a la legalidad y a la obligación del Estado de probar, más allá de cualquier duda, la culpabilidad de los acusados.

Quienes, a partir de 2003, se revistieron con la bandera de los derechos humanos, que desconocían hasta entonces, han obtenido el apoyo de los derrotados militarmente en el monte tucumano y en el resto de la geografía nacional. Invocando los derechos de los cobardes asesinos de entonces, hacen caso omiso de los derechos de los argentinos contemporáneos, a los cuales les son conculcados diariamente.

¿No tienen derechos humanos los padres que hoy, después de diez años de un crecimiento inédito de la economía, producto de los vientos que han soplado tan a nuestro favor, ven morir a sus hijos de hambre y desnutrición? ¿No tienen derechos quienes se ven obligados a viajar como ganado y a morir en terribles incidentes ferroviarios, causados por la corrupta sociedad entre funcionarios y empresarios? ¿No tienen derechos quienes, aún hoy, deben vivir hacinados en ranchos inmundos, sin agua ni cloacas? El profundo deterioro de la educación y de la salud pública, ¿no constituye una violación a los derechos humanos? En la medida en que todos los hechos de corrupción del Gobierno están costando la vida de comunidades enteras, ¿no constituye un genocidio?

Pero, en lugar de ocuparse del presente, este proyecto de odio y venganza prefiere hacerlo, para usarlo como bandera ideológica, de los derechos de los delincuentes subversivos de los 70’s, en una tergiversación de la Justicia a la cual, además, ha dejado tuerta. Tan tuerta como para permitir, hace pocas horas, que fueran absueltos individuos a los cuales cientos de testigos coincidentes vincularon con el secuestro, la trata y la prostitución de personas, mientras persigue, como he dicho, a militares por el solo hecho de haberlo sido.

Para llevarla adelante, con la imprescindible complicidad de la Corte Suprema, se ha atropellado todo el andamiaje basal del derecho penal, en causas que se llevan adelante con mentiras manifiestas, con falsos testigos, con contradicciones notorias y con evidente uniformidad en las penas. Todos los que se ven obligados a comparecer ante estos pseudo jueces saben, de antemano, que están condenados, y casi todos ellos reciben cadenas perpetuas o por períodos tan prolongados que, dada la edad de los protagonistas, se convierten en penas de por vida.

La indignación se hace más profunda cuando se comprueba, a diario, que quienes atentaron contra la Argentina, quienes mataron y robaron a mansalva en nombre de teorías mesiánicas, reciben cargos públicos y elevados sueldos, como inicuo premio otorgado por una nación a la que se ha puesto de rodillas.

Tan de rodillas como para tener que soportar, sin posibilidad de reacción alguna, la retención de la fragata “Libertad” por los jueces de Ghana, una de las democracias más serias y prestigiosas de África, o la demora en recuperar la corbeta “Espora”, fondeada en Ciudad del Cabo por la falta de pago a quienes deben suministrar los repuestos necesarios para su reparación.

Este insensato gobierno, que ha hecho perder a la Argentina la mejor oportunidad de crecimiento real y sostenido que dio en décadas, nos ha convertido en parias internacionales, merecedores sólo del desprecio del mundo globalizado, y todo ello en aras de implantar modelos ya fracasados en muchos otros países.

Esta digresión acerca de la situación de la Argentina no es gratuita, ya que gran parte de ese desprestigio que nos ha hecho desaparecer del mapa de las abundantes inversiones que se dirigen, por necesidad, al resto de Latinoamérica, se vincula con la falta de seguridad jurídica que reina entre nosotros.

Somos, a la luz del mundo, un país que viola las leyes y los contratos, cuyo parlamento nacional deroga normas ya sancionadas y donde el Poder Judicial, que debiera ser la última barrera de defensa de los derechos individuales frente a los abusos del poder se ha transformado, en las propias palabras del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, en cómplice de “políticas de Estado” concertadas con el Ejecutivo para llevar adelante juicios ilegales e inmorales como el que hoy nos ha traído hasta aquí.

A la vez, mientras permitía el pisoteo de todos los principios del Derecho, este mismo Poder Judicial ha sido cómplice, todos estos años, en la desenfrenada corrupción de este gobierno, postrándose ante la Casa Rosada y las diferentes sedes de los ejecutivos provinciales, es decir, ensañándose sólo con los más débiles.

Así, hemos visto como se ha arrastrado ante los estrados de estos nefastos magistrados a ancianos enfermos, algunos de ellos ya sin conciencia real de lo que sucede a su alrededor, sometiéndolos a indignantes tratamientos, sin frenar siquiera ante la muerte inminentes de muchos, tantos que ya han superado largamente el centenar quienes han fallecido en cautiverio.

Qué peligro pueden representar, para el trámite de los procesos o para la seguridad ciudadana, ancianos que superan los setenta años si se les concede la prisión domiciliaria? Sin embargo, no solamente se hace caso omiso del beneficio legal sino que se los obliga a comparecer hasta en camilla, como fue el caso del Comisario Patti, o con las arterias canalizadas para el suministro de medicación. ¿Dónde está la Justicia que estos jueces pretenden corporizar?

Debemos recordar, ahora en especial dada la parodia de juicio a que es sometido nuestro distinguido colega y amigo Jaime Smart, que cuando se juzgó legalmente a los imputados de cometer crímenes con las armas guerrilleras, muchos de ellos fueron absueltos y aquéllos a los cuales se les comprobó la comisión de tales delitos, fueron liberados de las cárceles y, poco tiempo después, volvieron a empuñarlas para asesinar, entre otros, a los mismos jueces que los habían condenado.

Pero no estamos sólo ante un acto de venganza, utilizada como instrumento por el kirchnerato para disfrazarse de defensor de los derechos humanos, sino que también es un acto de notable corrupción. Para las dos organizaciones más reputadas por su actuación en el tema –me refiero, obviamente, a las Madres y a las Abuelas de Plaza de Mayo- los derechos humanos se han transformado en un verdadero negocio, sea por la vía de las indemnizaciones a los familiares de hasta quienes murieron asaltando cuarteles, sea por la construcción de viviendas, como demostró el caso Bonafini-Shocklender.

¿Alguien puede imaginar, detrás de la nebulosa con que el Gobierno ha ocultado el tema, cuántos millones de dólares del erario fueron a parar a estos fines? ¿Cómo fueron compartidas esas indemnizaciones entre los familiares de los guerrilleros y los funcionarios que los otorgaron? Para incrementar la cantidad de pagos, se ha recurrido a retrotraer el período que la ley contempla cada vez más hacia el pasado y, si esto sigue así, terminaremos indemnizando a los deudos de los indios muertos en los malones.

Pero no debemos perder las esperanzas. Este siniestro régimen que hoy impera en la Argentina terminará, más temprano que tarde. No porque se produzca una revolución, que debe ser descartada de plano, sino simplemente porque resulta imposible que el país continúe tres años más en este generalizado desmadre.

Y cuando se acabe, cuando implosione ante las naturales contradicciones entre sus alas ideológica y ladrona, dado el odio generalizado que han sabido cosechar sus funcionarios de todo nivel, estos sí serán juzgados por su corrupción, y ni siquiera estos jueces podrán evitar esa suerte, dado el prevaricato en que continúan incurriendo.

La República vive uno de los momentos más aciagos de su historia, ya que su Presidente pretende ahora someter a su voluntad al Poder Judicial, como ya lo ha hecho con el Legislativo, no para destruir a Clarín, que a nadie le importa, sino terminar con nuestras libertades más profundas, como son la libertad de informarnos y decidir. Una sociedad como la nuestra no puede tolerarlo, y saldrá a impedir que se nos sojuzgue como hicieron Chávez o Correa con sus pueblos.

Mal que le pese a nuestras autoridades, que no merecen serlo, la ciudadanía está de pie, ha reconquistado la calle y no dejará avanzar más a este totalitarismo de opereta. Jesús, el Señor de la Historia, nos lo exige, y nosotros cumpliremos el mandato.

Buenas noches, y gracias.

San Miguel de Tucumán, 12 Dic 12


Carta elocuente de una “HIJA DE PRESO POLITICO”,
del 12 de diciembre de 2012.

Buenas tardes.

Es muy raro para mi escribirles en un momento tan especial de mi vida y de la de mi familia ¡Pero lo siento tan necesario!

Primero que nada, me presento, soy Fernanda Bustamante, nacida en Sgo. del Estero, actualmente vivo en San Miguel de Tucumán y para que entiendan de alguna manera mi postura de indignación e impotencia, soy hija de un preso político Juan Bustamante ex policía jubilado, 60 años, con la jerarquía de comisario mayor.

Hace aproximadamente ocho años y medio mi padre comenzó a figurar en los diarios de mi provincia, se reabrían las famosas causas de lesa humanidad, en ese momento yo tenia 20 años, fue entonces cuando mi padre nos reunió en familia y nos anticipó lo que se venía.

Nosotros, temerosos y con mucha incertidumbre tratábamos de comprender que de golpe nuestro padre, el policía distinguido, fanático de su trabajo, el que pocas veces pasaba Navidades completas con nosotros, el que ni cumpleaños festejaba por La Policía Adorada, debía ir preso por los renombrados delitos de la década del 70, en este momento debíamos esperar que las fuerzas (a las que el mismo pertenecía) lo buscaran de mi casa, esposado, encerrado, destruido... para trasladarlo al infierno del que, por lo que se ve, planean no hacerlo volver.

Recuerdo que ese día fue tan dramático, llegaron unos 4 gendarmes por la puerta, otros cuatro trepaban por las paredes, otros subían a los techos... ¡Dios mío! ¡Ni que fuera un prófugo! Toda la familia estaba esperando que aparezcan, pero claro, este era el principio de este circo que crearon, que esta vigente y que todavía tantos ignorantes se creen.

Y bueno... se fue, todavía podía ver la esperanza en su rostro detrás de las rejitas de las ventanas del vehiculo que lo trasladaba.

Al día siguiente nuevamente en el diario su foto, su nombre, y una nota en el centro que hacia mención a su supuesta rebeldía, al "operativo" de captura y a todas las mentiras que desde ese día somos victimas.

Así fue como al cabo de unos días comenzó nuestro deterioro, la casa se vino abajo, pasamos a ser victimas de este sistema que me avergüenza que me destruye que carcome mis esperanzas cada día.

Mi padre pasó 8 años sin juicio, por el Pacto de Costa Rica sólo lo liberaron una única vez, siendo que se cumplieron 4 periodos, entre otras cosas fue negado de ser asistido por un médico, tiene un diagnostico muy desalentador, el médico dijo que es un paciente que debería estar en terapia pero jamás se respetó, lo que pasa seguramente es que los Derechos Humanos en este país solo tienen validez si sos drogadicto, si sos violador, si sos narcotraficante o como en el caso de Marita Veron si tenés algunos dólares bajo el colchón y podes "untarte" un tribunal, todo ese elemento es que ahora, aquí, en esta Argentina goza de Derechos Humanos.

Mi padre no podría tener ese lujo.

Pasaron los años, pasaron los cumpleaños, las navidades, recuerdo patente para esta fecha, el año pasado, le llevé un pan dulce a la cárcel LUJOSA en la que suponen que pasan sus días, un guardia le clavó mil veces el cuchillo por si yo, la hija del represor era capaz de pasarle no se que... ¿Droga? ¿Limas? ¡Dios! El pan dulce entró hecho añicos... como nuestras ultimas 9 Navidades.

Por fin empezó el juicio, increíble pero empezó.

Ahora les cuento resumido la historia de las injurias que vivimos.

Mi hermana mayor vive en el interior de Santiago. Entonces mi papá le regaló una casita que había adquirido hace unos 10 años y la había alquilado desde siempre, la desocuparon, y mi hermana empezó a remodelarla, levantarla de nuevo digamos.

De un día para otro un obrero haciendo el pozo ciego en la obra encontró restos fósiles, ¿Pueden creerlo? En la casa del mismísimo represor, comidilla segura para todos los comerciantes políticos.

Yo me enteré casi con la población porque uno de esos días, de los 3102 que lleva preso, leía los diarios por Internet. Siempre trataba de leerlos para saber como iba la causa, así que salió de nuevo en la tapa de los diarios con los grandísimos titulares "SE ENCONTRARON RESTOS FOSILES EN CASA DE EX REPRESOR" entre muchos mas titulares y acompañaban las fotos de la casa de mi hermana, los peritos, los arqueólogos, antropólogos o como se llamen, leí en el diario la aberrante noticia creo que durante un mes figuraba en todos, tiempo que duró el proceso de pericias, de traer antropólogos hasta de China, cada diario que buscaba hacia mención al aberrante hallazgo- nosotros debo serles sincera, optamos por no exponernos mas, dudamos, ya no sabíamos que pensar mientras tanto mi papá nos pedía por favor que no creyéramos, que era todo armado. Pero nosotros débiles, cansados, aturdidos hasta evitamos de atenderlo o de verlo... ya no sabíamos si también éramos victimas.

Terminado ese tiempo llegaron los resultados emitidos por todo el equipo que este gobierno pagó para trabajar en hundirlo mas a mi padre y a nosotros... ¿Saben que?? Los huesos eran de un indio, nada tenían que ver con el 70, ahora bien, si lo buscan en un diario, en Google o donde sea no existen los resultados de las pericias en ningún diario, en ningún noticiero, todos quedaron con la idea errada, armada, farseada, de que mi padre tenia un cuerpo de los desaparecidos en su patio.

A mi hermana le demolieron la casa, le robaron todo, hoy es un terreno abandonado como la reputación de nuestra familia.

A lo largo del jucio se presentaron no se cuantos testigos, dentro de todos los que leí o escuché hablan de mi padre como un chofer, en ese momento el tenia 23 años, algunos (que seguramente se les pagó) dijeron que los apuntó con una pistola, como una mujer que al principio dijo que no lo conocía pero de repente mi padre la había indagado y le había puesto un revolver en la cabeza a su bebe de un año, ¡Pero señora! ¡Si hace unos meses ni lo conocía! ¡Están las declaraciones!

En fin, manejaron todo como quisieron, no tenían pruebas, solo testimonios de personas en las que no creo, o creo parcialmente.

Dicen una cosa por otra, injurian gratuitamente, son irrespetuosos y pisotean como quieren porque este gobierno los hizo impunes a ellos, que juegan con la verdad, manipulan todo y encima se lo quieren hacer creer a la gente.

La cuestión es que el 05 de Diciembre de 2012 era la sentencia del juicio de los Derechos Humanos, estuve al lado de mi papa, habían pedido que lo absuelvan, ¡Era inconstitucional! cuando lo nombraron, temblé, yo tenia Fe. el también, hasta que el tribunal dijo lo que menos esperábamos, mi padre debía cumplir Cadena Perpetua, yo por supuesto no pude evitar las lagrimas, de decepción, de impotencia, ¡De todo junto! Ellos detrás aplaudían... Se salieron con la suya, me quitaron mi Papá.

El post sentencia fue durísimo, el quería contenernos a nosotros pero yo sentí que me habían apagado una luz, siento que mi vida cambió, que no creo en la justicia, ni en los valores de la gente, no puedo creer el odio, el ensañamiento, la manera en la que nos gritaron, nos insultaron.

No hubo ni una sola prueba, ni una, solo testimonios, contradictorios, turbios, hasta ridículos.

Mi papá volvió al camión que los trasladaba, les cantamos una canción y todos llevamos una remera que en el frente decía FAMILIAR DE PRESO POLITICO y atrás BASTA DE ODIO... pero parece que no, que no se acabó.

Mi papá se fue llorando, pocas veces lo vi llorar... y yo tengo mi alma quebrada y de mi familia no entro en detalles porque seria sobre abundante.

Y hoy, señores, me encontré de nuevo con la impotencia, la sentencia del juicio de Marita Veron destruyó la mínima fortaleza que traté retener, en este juicio los testimonios de las victimas de prostitución no sumaron, no perjudicaron, no aportaron para que se haga justicia.

¿Como es? ¿Cuándo valen los testimonios? ¿Cuándo valen los derechos humanos? ¿Solo cuando la Sra. Presidente debe lucrar?

¿Por qué no entiendo como es que toda esta lacra esta libre y mi padre come un pan dulce en Navidad hecho trizas porque es un tipo peligroso? ¿Hasta dentro de la cárcel?

¿Qué es esto? ¿Donde vivimos? ¿Hasta donde piensan llegar?

Pensar que esta navidad los 13 imputados en el caso Veron van a brindar por formar parte de los Beneficiados, y nosotros vamos a pasar una Navidad mas en la cárcel con un preso político.

Presencié por primera vez una charla hace unos días en Tucumán, me enfrenté a mi dolor pero me sorprendí de la unión de los demás HIJOS y sentí un poquito de Fe.

Les suplico me asesoren para poder colaborar y desenmascarar esta farsa.

Ojalá Dios ablande los corazones de esta gente dañina y llena de odio, y ojalá algún día vuelva a ver en el rostro de mi padre la cara de esperanza, que tuvo algún día cuando se lo llevaron...

Les agradezco profundamente su incondicionalidad y dedicación.

Saludos cordiales.

Fernanda Bustamante.

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